Por Teodoro Lavín León
Sin duda, una de las luchas más importantes en México fue la lucha por la autonomía universitaria en 1929, por lo que si de algo debemos de estar convencidos los universitarios es de que ésta es invaluable, ya que desde aquel momento se nos ha dado libertad e independencia, condiciones que inspiran y fortalecen.
Esa autonomía ha dado valiosos frutos, como las libertades de cátedra, de investigación, la cultura y el pensamiento crítico.
Sin discusión, es una autonomía que ha impulsado el desarrollo educativo en la igualdad y la inclusión, sin importar género, condición económica, preferencia sexual, o ideología política. La autonomía ayuda a formar a los profesionistas que construyen México para un mejor desarrollo como país.

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Para quienes no lo entiendan, la autonomía también es identidad y tradición, es un bien público que transforma a la sociedad; desde luego, ahora podemos ver en Morelos cómo una legislatura mala, opaca y sin la menor capacidad, trata de violar la autonomía universitaria.
La ignorancia de los diputados es tan fuerte que no entienden el sentido de la autonomía universitaria, tenemos las autoridades con el menor nivel profesional de todos los tiempos, al menos en el último siglo, por lo que no entienden la importancia de respetar la autonomía ni el problema que pueden crear en el estado. El vulnerar la autonomía sería el inicio de una nueva lucha que no les conviene ni al Presidente de la República ni al Gobernador del Estado de Morelos; y mucho menos con una legislatura a la que le faltan 45 días para que sus miembros se vayan a su casa, pero que quieren reflectores para ver qué otra chamba consiguen.
Su paso por el Congreso Estatal ha sido gris, por decir lo menos, sus determinaciones han sido revocadas en su mayoría por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y nunca pudieron llegar a la mayoría calificada, por lo que ha sido un fracaso total de legislatura.

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Lo que no entienden en su ignorancia enciclopédica es que el problema de la autonomía universitaria, que en el fondo es el problema de las relaciones entre una corporación e instancias externas de decisión, es en sí muy complejo y delicado. Es el reclamo de la universidad corporativa de una independencia sustancial, es la condición necesaria para que la institución pueda cumplir con sus tareas. La universidad debe su existencia legal a un acto de una autoridad externa, normalmente el Estado; el instrumento de incorporación describe de manera detallada lo que la universidad puede hacer y lo que no puede hacer con sus propiedades y sus finanzas en su relación con otras instituciones o con sus miembros.
Desde el punto de vista jurídico, autonomía universitaria significa la posibilidad que tiene una comunidad de darse sus propias normas, dentro de un ámbito limitado por una voluntad superior, que para el caso sería la del Estado. Esta capacidad que permite a una comunidad ordenarse a sí misma implica la delegación de una facultad que anteriormente se encontraba centralizada en el Estado.

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La autonomía universitaria tiene tres aspectos: el de su propio gobierno, el académico y el financiero. El primer punto permite que la universidad legisle sobre sus propios asuntos, se organice como le parezca mejor, elija a sus autoridades y al rector, según los requisitos que sus autoridades mismas señalan. La parte académica de la autonomía universitaria implica que la universidad puede nombrar y remover su personal académico según los procedimientos convenidos, seleccionar a los alumnos según los exámenes que ella misma implanta, elaborar sus planes de estudio, expedir certificados, títulos etc. También garantiza la libertad de cátedra que no se debe confundir con la autonomía misma. El aspecto financiero permite la libre disposición que de su patrimonio tiene la universidad y la elaboración y el control de su propio presupuesto.
De manera formal, una universidad es autónoma en la medida en que es libre de tomar, dentro de su propia organización y por medio de sus propios procedimientos, las decisiones relacionadas con su legislación y administración. Pero una autonomía efectiva necesita algo más que lo implicado en esta definición formal. Implica también que la organización de la universidad deba ser tal que asegure a sus miembros, sobre todo a los del personal académico, una parte reconocida e importante en la toma de decisiones, en especial en lo referente a las políticas académicas. Éste es el fondo de todo el asunto. Es decir, existe una interrelación forzosa entre la ciencia moderna y la democracia como posibilidad permanente de cambio, y ésta, a su vez, garantizada en las universidades por la autonomía universitaria.
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Por lo visto, no entienden los señores diputados morelenses, son demasiado ignorantes para tener idea de lo que están haciendo, que pueden iniciar un verdadero problema político a nivel nacional.
La UNAM obtuvo su autonomía en 1929, durante el gobierno del presidente Emilio Portes Gil,27 quien autorizó la construcción de la Ciudad Universitaria. Años más tarde, en 1954, se mudó a un nuevo campus en Ciudad Universitaria, diseñada a partir del plan maestro de los arquitectos Mario Pani Darqui, Jose Villagran García, Pedro Ramírez Vazquez, Carlos Lazo, Enrique del Moral y Domingo García Ramos en el sur de la Ciudad de México. Entre los arquitectos que diseñaron los edificios que hoy conforman Ciudad Universitaria están Armando Franco Rovira, Ernesto Gómez Gallardo Argüelles, Vladimir Kaspe, Jorge Gonzales Reyna y Felix Candela.



