Jozsef Lakatos, un joven artista húngaro, se despertó una mañana de mediados de junio lleno de rabia y pintó un televisor en el que se ve la antigua carta de ajuste, cuyos colores coinciden con los de la bandera arcoíris de la comunidad LGBTI; en mitad de la pantalla colocó el mensaje: “No signal”. No hay señal de momento para este colectivo en Hungría.
El Parlamento del país, explica Lakatos para argumentar el origen de su rabia, acababa de aprobar una ley que prohíbe cualquier contenido que “propague o represente” la homosexualidad o la transexualidad en colegios, programas de televisión y publicidad dirigida a menores. La medida salió adelante con la abrumadora mayoría parlamentaria de Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán, y desató de inmediato la furia europea, con la mayor parte de sus líderes clamando contra la pendiente homófoba y autoritaria sobre la que se desliza peligrosamente.
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La mayoría de los afiches expresan la sensación de acoso, opresión y homofobia que se ha extendido por el país en los 11 años que lleva Orbán en el poder. Hay cerebros convertidos en espaguetis por las noticias; personas sepultadas por tacos de hojas de leyes; bocas acalladas. La diseñadora gráfica Vivien Icsa ha representado esta asfixia como una sombra de cuyo interior emerge un corazón arcoíris. Ella habla de la culpa y la vergüenza a la que uno se ve empujado cuando el entorno le niega su identidad; ella creció en un pequeño pueblo, sin educación de género en la escuela ni referentes LGBTI.
“Queremos alzar la voz y contarle a todo el mundo cómo nos sentimos”, dice. “Pero esta ley nos impide defender lo que realmente somos”. Otro cartel muestra un rostro con los ojos cubiertos por unas manos. Su creadora, Wanda, que lleva una mascarilla con la bandera del Orgullo, describe así lo que pasa en su país: “El Gobierno señala a un enemigo, utiliza un chivo expiatorio para obtener votos. Es asqueroso”. Pero también, añade, la norma homófoba ha conseguido aglutinar una comunidad de agraviados con ganas de cambio.
Resistencia anti-Orbán
Varias de las personas entrevistadas para este reportaje se sienten cómodas al denominarse como parte de esa especie de “resistencia” anti-Orbán. “No queríamos entrar en una guerra, pero ahora que se nos utiliza sentimos una responsabilidad”, dice Boldizsár M. Nagy, un editor de 37 años de literatura juvenil que el año pasado publicó un libro de cuentos titulado Meseorszag mindenkie (Un cuento de hadas para todos) que se ha convertido en símbolo de esa lucha. Después de que políticos ultraconservadores denigraran el volumen en público, ha pulverizado registros vendiendo unas 30.000 copias. Nagy, que es gay y de la minoría romaní, siente que el creciente acoso al que se enfrentan ha provocado también un efecto inesperado para Orbán: la comunidad LGTBI se ha vuelto importante para la oposición, y la sociedad se interesa cada vez más por su situación. “Quizá no ganemos las elecciones, pero seremos más visibles”.

En vídeo, entrevista a Tóbiás Tuza, protagonista del corto húngaro LGBTI ‘Colores de Tobi’.


