El reciente operativo del gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum ha marcado un hito en la lucha contra el crimen organizado con la muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este acontecimiento, ocurrido el 22 de febrero de 2026, ha sumido al país en una espiral de violencia provocada por los seguidores del narcotraficante, pero también ha brindado al gobierno mexicano una importante victoria en su narrativa contra el crimen organizado.
El CJNG, que se ha consolidado como la organización criminal más poderosa de México, operaba en al menos 17 de las 32 entidades federativas del país. Su amplio espectro de actividades delictivas abarca desde el secuestro y el cobro de piso hasta el tráfico internacional de narcóticos, siendo el fentanilo uno de sus principales productos en el mercado estadounidense. Este último ha sido denominado por el ex presidente Donald Trump como “arma de destrucción masiva”, lo que intensificó la presión sobre las autoridades mexicanas para actuar decisivamente.
La colaboración entre el gobierno de Sheinbaum y Estados Unidos ha sido crucial, especialmente en las semanas previas a la captura de “El Mencho”. Informes indican que la inteligencia estadounidense mencionó los datos que permitieron ubicar al narcotraficante en el municipio de Tapalpa, Jalisco, donde se llevó a cabo el operativo que dio fin a su vida. Esta acción no solo mitiga el miedo a una intervención unilateral de Estados Unidos en México, sino que también establece un precedente para futuras colaboraciones.
El contexto en que ocurrió esta operación es relevante. A tan solo semanas de la captura, se había llevado a cabo otra detención significativa: la de Ryan James Wedding, un ex campeón olímpico convertido en traficante de cocaína, que también fue arrestado con la ayuda del FBI. Este tipo de actividades son indicativas de una mayor cooperación entre las fuerzas de seguridad de ambos países, especialmente después de un periodo de desaceleración en la relación bilateral durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, la muerte de “El Mencho” podría conllevar a un aumento de la violencia en México, a medida que las facciones internas del CJNG luchan por el control. Otros cárteles, al acecho, podrían aprovechar la situación para intentar ocupar el vacío de poder dejado por el CJNG, lo que plantea un nuevo desafío para el gobierno de Sheinbaum.
Además de la lucha contra las organizaciones criminales, la presidenta enfrenta un reto igualmente importante: desmantelar la narcopolítica que ha permitido la proliferación de estos cárteles. Estas acciones deben ir acompañadas de una vigilancia sobre algunos aliados dentro de su propia coalición, en un intento por limpiar la corrupción que ha socavado los esfuerzos por restablecer la seguridad en el país.
El avance en la lucha contra el crimen organizado, si bien significativo, requiere un compromiso constante y un enfoque proactivo en la cooperación internacional. La reciente operación contra “El Mencho” podría ser vista como un primer paso vital, pero los líderes mexicanos deben estar preparados para afrontar los retos que vendrán.
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