Jean-Marc Bottazzi, un destacado coleccionista de arte y trader de bonos japonés, ha forjado un camino singular en el mundo del arte, enriqueciendo su vida y la de otros a través de su profunda pasión por la colección. Creció en un entorno austero en las cercanías de Lyon, donde las visitas a museos eran un lujo casi inalcanzable. Sin embargo, el arte siempre estuvo presente en su vida familiar, siendo su hermano menor, el pintor Guillaume Bottazzi, una fuente de inspiración que despertó su aprecio por el arte y su deseo de adquirirlo.
Hoy, Bottazzi reside en Hong Kong, tras haber vivido en Tokio, y su colección abarca aproximadamente 1,000 obras que reflejan su biografía global. Esta colección destaca especialmente en el ámbito de la abstracción y la fotografía conceptual, con notables piezas de artistas como Robert Motherwell y Simon Hantaï, cuya innovadora obra es considerada esencial en el contexto del arte francés de posguerra.
Desde el Este, Bottazzi se siente atraído por la vanguardista corriente Gutai, incluyendo a figuras como Kazuo Shiraga y Ei-Q, cuyas obras fotográficas únicas, realizadas sin cámara, han cautivado su interés. La influencia de su hermano artista ha moldeado su filosofía sobre la colección: más allá de simplemente acumular obras, busca impactar de manera significativa en la vida de los artistas que apoya. “No se trata de marcar casillas”, afirma, resaltando su compromiso genuino con el arte.
Uno de sus apoyos más destacados es Ay-o, un artista japonés de 96 años conocido por sus vibrantes obras que simbolizan un enfoque inclusivo hacia la creación artística, influido por el movimiento Fluxus. Bottazzi ha contribuido de manera crucial a la reciente exposición monográfica de Ay-o en M+, el prestigioso museo de Hong Kong, donde también ejerce de donante y miembro del comité internacional de artes visuales. Actualmente, está en proceso de adquirir más obras de Ay-o, añadiendo a su ya considerable colección de más de 100 piezas.
Al hablar sobre sus inicios en el coleccionismo, Bottazzi recuerda haber comprado en la década de 1990 una pintura abstracta de estilo barroco de su hermano. En cuanto a sus adquisiciones más recientes, menciona una obra de Lucio Fontana, así como una edición fotográfica de Man Ray.
Sin embargo, a veces reflexiona sobre las oportunidades que no aprovechó, como una fotografía de Man Ray titulada Minotaur que no compró por falta de decisión, o una imagen del escritor Yukio Mishima que dejó escapar.
Con una mirada crítica hacia el mundo de las ferias de arte, Bottazzi observa que la primera jornada suele ser la más concurrida, lo que, en su opinión, puede desvirtuar la autenticidad de la experiencia de compra. Prefiere visitar los eventos hacia el final, donde la verdadera conexión puede ser forjada sin la presión de multitudes.
En sus recomendaciones a aquellos que visitan Hong Kong por primera vez, enfatiza la importancia de M+, sugiriendo que esta institución es un hito cultural fundamental que sintetiza las tensiones entre Oriente y Occidente, aportando un valor único a la ciudad.
La visión de Bottazzi sobre la colección es clara y decidida: no se trata solo de acumular arte, sino de hacer una diferencia en la vida de los artistas y en el contexto cultural más amplio, un compromiso que continúa afectando su vida y la de aquellos que lo rodean.
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