Apenas diez días después de la proclamación de Felipe VI ante las Cortes, en junio de 2014, los nuevos Reyes de España emprendieron un viaje que marcaría su primer paso internacional. El destino elegido fue El Vaticano, un símbolo de la relación profundamente enraizada entre la Monarquía española y la Santa Sede. Durante este encuentro, el entonces Papa Francisco recibió información sobre el proceso de abdicación de Don Juan Carlos y sobre los ambiciosos cambios que la Corona pretendía implementar.
La elección de El Vaticano como primer destino no fue casual. Francisco, quien ostenta un liderazgo global como un “faro ético”, inspira tanto dentro como fuera del ámbito religioso. Esto no solo refleja la importancia del encuentro, sino también la intención de los nuevos Monarcas de reforzar la conexión histórica entre la Monarquía y el Papado, que data incluso desde los tiempos de los Reyes Católicos. Esta relación ha sido fundamental a lo largo de la historia, fortaleciendo la imagen de la Monarquía en el contexto nacional e internacional.
El viaje de Felipe y Letizia no fue solo un acto protocolar; representó una declaración de intenciones por parte de Zarzuela para mantener un vínculo estrecho y respetuoso con la figura papal. Desde entonces, este enfoque ha continuado, procurando cultivar la imagen de la Monarquía como un actor relevante y positivo en la esfera pública y social.
A lo largo de los años, la relación se ha manifestado en gestos y comunicados que reflejan una sintonía con los valores promovidos por la Iglesia. Por ejemplo, el mensaje de condolencias de los Reyes tras el fallecimiento del Papa Francisco confirma la continuidad de esta conexión.
En resumen, el primer viaje internacional de Felipe VI y Doña Letizia hacia El Vaticano no solo marcó el inicio de su reinado, sino que también subrayó el compromiso de la Monarquía con la tradición y los valores éticos que trascienden el tiempo y el espacio, en un mundo donde la inclusión de diferentes voces y líderes es más relevante que nunca. La historia de la Monarquía española y su relación con el Papado continúa siendo un capítulo significativo en el relato contemporáneo de España, confirmando la relevancia de estos vínculos en el presente.
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