La cumbre del clima de la ONU (COP27) esta llegando a su fin, y para los países más vulnerables es una cuestión de vida o muerte resolver cómo pagar la factura del calentamiento, con el desembarco de los ministros para el último tramo de negociación, con el debate abierto. Así lo ha admitido el presidente de la COP y ministro de Exteriores de Egipto, Sameh Soukrí, quien este lunes ha dejado claro que queda “trabajo por delante para obtener resultados”, por lo que ha pedido a los representantes de los casi 200 países que participan en estas conversaciones que aceleren el trabajo.
Mientras las naciones más vulnerables, que a la vez son las menos responsables del problema, apremian para que de esta COP salga un acuerdo concreto sobre un mecanismo de pérdidas y daños, los países desarrollados no parecen tener tanta prisa. Existe la tentación de “esperar y retrasar” cualquier decisión alerta Rachel Simon, de la Red de Acción por el Clima (conocida por sus siglas en inglés, CAN). Esta organización, que agrupa a ONG internacionales centradas en la lucha contra el calentamiento, considera que sería inaceptable aplazar cualquier decisión a 2024, como algunos negociadores han sugerido.
“Retrasar o negarse a establecer un mecanismo de financiación de las pérdidas y daños no cambiará el hecho científico de que los eventos extremos provocados por el clima y los desastres de evolución lenta [como el incremento del nivel del mar que amenaza la supervivencia de varias naciones insulares] seguirán acelerándose y causando un daño cada vez mayor a las personas más pobres y marginadas”, ha recordado Rachel Cleetus, de la ONG Unión de Científicos Preocupados.
El asunto de las pérdidas y daños es el eterno asunto aplazado desde el inicio de las negociaciones climáticas, con la firma en 1992 de la convención marco de la ONU. Pero en la cumbre de este año, la número 27, por primera vez se ha incluido oficialmente un punto en la agenda de negociación específico sobre pérdidas y daños. Ha sido el tema siempre pospuesto por el temor de los países más ricos, con EE UU a la cabeza, a que pueda derivar en una catarata de reclamaciones en su contra por ser los principales responsables del problema. John Kerry, el enviado especial de EE UU para temas climáticos, aseguró este fin de semana que su país está listo “para discutir el tema de pérdidas y daños”. “Por eso está en la agenda”, añadió.
Las nuevas iniciativas
Alemania ha presentado este lunes una iniciativa denominada Escudo Global contra los Riesgos Climáticos, que busca proporcionar acceso rápido a los seguros ante desastres naturales a los países más vulnerables. Esta iniciativa tiene como firmantes de un lado a los países del G7 y del otro al V20, un grupo de 58 países altamente vulnerables al cambio climático, entre los que están Bangladesh, Costa Rica, Fiji, Ghana, Pakistán, Filipinas y Senegal.
La ministra alemana Svenja Schulze de Cooperación Económica y Desarrollo, fue la encargada de presentar la iniciativa, una propuesta que cuenta con una financiación inicial de 210 millones de euros. Pero ha enfatizado que se necesita “una amplia gama de soluciones y su financiación para hacer frente a las pérdidas y daños”.
A su lado durante la presentación de esta iniciativa, el enviado especial de Ghana a esta cumbre, Henry Kwabena Kokofu, ha recordado que la crisis climática crea “problemas muy reales” de destrucción económica y de “inestabilidad social y política”, lo que acaba derivando en “grandes movimientos de refugiados hacia el Norte Global”. “El cambio climático es realmente un problema global”, ha resaltado.
En la misma línea que la iniciativa del “escudo global”, durante esta cumbre también se ha impulsado un proyecto para que todos los países estén cubiertos por sistemas de alerta temprana ante fenómenos meteorológicos extremos y encabezado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Estos sistemas sirven para reducir los impactos de los desastres que están aumentando en intensidad y frecuencia debido al cambio climático.
El objetivo de la OMM es lograr que se movilicen 3.100 millones de dólares en los próximos cinco años, que podrían salir de los fondos de financiación climática que los países desarrollados deben poner sobre la mesa de negociación.
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