La Copa América se disputará finalmente en Brasil. Tras la renuncia de Colombia y Argentina, que debían compartir el torneo como sedes, la Conmebol anunció el lunes, a menos de dos semanas del inicio, que Brasil se encargaría de acoger a partir del 13 de junio “el torneo de selecciones más antiguo del mundo”. Se trata de una decisión de urgencia bastante sorprendente, por la grave situación sanitaria brasileña.
Primero fue Colombia quien decidió retirarse por las convulsiones sociales que sufre. Argentina, pese a atravesar el momento más duro de la pandemia y en pleno confinamiento, dijo la semana pasada que estaba en condiciones de asumir en solitario el torneo. El presidente Alberto Fernández conversó con los dirigentes de Conmebol y dio garantías. Pero el domingo el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, dijo durante una entrevista televisiva que veía “muy difícil” acoger el torneo. No hizo falta más. La Conmebol anunció once minutos después que no se jugaría en Argentina.
“La Conmebol informa que en atención a las circunstancias presentes ha resuelto suspender la organización de la Copa América en Argentina”, señaló un comunicado. La noche del domingo al lunes fue abundante en llamadas telefónicas. Chile y Paraguay (donde Conmebol tiene su sede) parecían las alternativas más probables, si no se decidía cancelar la competición. Finalmente, sin embargo, la confederación futbolística sudamericana optó por Brasil, un país que ha sufrido ya más de 460.000 muertes por covid y que durante el mes de mayo rondó los 4.000 fallecimientos diarios.
La retirada de Argentina, que no llegó a serlo porque fue Conmebol quien tomó la decisión ante las señales procedentes de Buenos Aires, vino precedida de fuertes tensiones políticas. El ex presidente Mauricio Macri, actual presidente de la Fundación FIFA, calificó de “incoherente” que Argentina, en una situación crítica, acogiera la Copa América. Desde la Conmebol tacharon a Macri de “ignorante” y “malicioso”.
Pero el sector kirchnerista de la coalición gobernante tampoco quería la Copa América. Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires, plaza fuerte del kirchnerismo, se subrayaban una y otra vez los riesgos que implicaba el torneo. Algunos futbolistas, como los uruguayos Luis Suárez y Edinson Cavani, exigían directamente la cancelación. Fue el presidente Alberto Fernández quien insistió en que Argentina fuera sede única hasta que el peso de los números (con 30.000 contagios diarios como promedio y 348 fallecidos el domingo) y de la realidad (las competiciones argentinas llevan dos semanas suspendidas) le obligó a desistir.
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