La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), emblemático bastión del saber en el país, enfrenta desafíos críticos en la gestión de su rector, Leonardo Lomelí. Su mandato, marcado por un preocupante deterioro académico y una erosión de la autonomía universitaria, ha suscitado un debate urgente sobre el futuro de esta institución.
Históricamente, la UNAM se posicionó como la mejor universidad de América Latina, superando a la Universidad de Sao Paulo. Sin embargo, en los últimos años, su estatus se ha desplomado, ubicándose en el octavo lugar, por detrás de universidades de Brasil, Chile y Colombia, además de otra institución mexicana. Aunque esta decadencia comenzó hace aproximadamente una década, la gestión de Lomelí parece haber acelerado la caída sin mostrar un plan efectivo para revertir esta tendencia.
La mejora académica de la UNAM exige un enfoque estratégico que reconozca y actúe sobre los problemas existentes. Esto incluye atender los desafíos de la educación media superior, por mucho tiempo desestimados. Además, es crucial renovar el proyecto educativo en todos los niveles, asegurando que la oferta académica sea pertinente y de calidad. La carencia de un proyecto sólido no solo arriesga el desarrollo de las nuevas generaciones de la UNAM, sino que también impacta negativamente a los egresados de muchas otras instituciones de educación superior en México. La consecuencia es un panorama grave: personas cada vez menos preparadas, con baja autoestima y escasas habilidades para afrontar los desafíos del futuro.
En cuanto a la gobernanza, durante 2025, los problemas bajo la dirección de Lomelí se han manifestado en conflictos cada vez más graves, incluyendo cierres de planteles que han privado a la mitad de la matrícula de la UNAM de acceder a clases y actividades presenciales. La situación se complica todavía más con la inminente designación de miembros para la Junta de Gobierno, donde existe el riesgo de que se introduzca un “Caballo de Troya”, en alusión a la posible elección de un candidato que, en vez de servir a la universidad, respondería directamente a intereses del gobierno federal.
Guillermo Hurtado, renombrado investigador de la UNAM, ha enfatizado que claudicar en la defensa de la autonomía universitaria pone en jaque la misión y las actividades académicas de la institución. Ante la inminente sesión del Consejo Universitario programada para el 12 de febrero de 2026, la decisión de designar a un miembro con vínculos familiares en el gobierno federal subraya preocupaciones sobre el intervencionismo en la universidad.
La relevancia de la UNAM para el desarrollo del país no puede subestimarse, dado que su impacto se extiende más allá de la educación, abarcando aspectos de ciencia, tecnología e innovación. La situación crítica y el acelerado deterioro que la institución enfrenta hacen imperativa una discusión abierta y acciones decisivas que establezcan un nuevo rumbo basado en la calidad y la pertinencia educativa. México se halla en un momento de gran complejidad, y el sistema educativo debe adaptarse a las incertidumbres del futuro con urgencia.
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