En el anuncio sobre su salida de México, Ricardo Anaya, de 43 años, ha recibido la mofa de los opositores, el tibio apoyo de su partido, la indiferencia de la derecha y las bofetadas de la historia. “Con dolor se fueron de México Juárez, Madero, Melchor Ocampo, los hermanos Flores Magón y José Vasconcelos”, dijo en su último video en el que anunciaba su marcha del país y en el que citó al opositor venezolano Leopoldo López sobre quien dijo “se exilió en España para escapar de Nicolás Maduro”. Anaya, sin embargo, omitió que antes de su llegada a Madrid, Leopoldo López pasó tres años de cárcel y otros dos años más de arresto domiciliario antes de huir del país el año pasado.
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Después de una errática reacción tras su derrota electoral en enero de 2021, Anaya anunció que volvía a la vida política con miras a las presidenciales de 2024 comenzando de esta forma una prematura campaña electoral que debía durar tres años. Para ello eligió un formato audiovisual con la difusión compulsiva de videos en los que se grababa recorriendo distintos escenarios en contacto con las clases populares: el metro, comiendo un taco, zonas campesinas, hablando con familias de bajos recursos…
En su arranque, Anaya dijo, incluso, que su partido, Acción Nacional, le había ofrecido un puesto en la Cámara de Diputados, pero que lo había rechazado porque su objetivo principal era recorrer todo el país para escuchar a los mexicanos y “no a estar en una tribuna o una oficina, sino en la calle, en la comunidad y con la gente”, dijo. Solo cuatro meses después anunció que no estará en ninguno de esos lugares porque se va del país al tiempo que comparaba a López Obrador con Porfirio Díaz y Santa Anna. Puestos a evocar la historia, no son pocos los que este martes le han recordado a Anaya la frase del expresidente sudafricano Nelson Mandela cuando en su autobiografía ‘El largo camino hacia la libertad’, escribió: “En mi país, primero vas a la cárcel y luego te conviertes en presidente”.
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Dentro de la propia derecha han recibido con recelo una maniobra de Anaya que aunque podría ayudarle a eludir temporalmente la cárcel podría también sepultar definitivamente sus aspiraciones presidenciales no tanto la acción de la justicia sino por una operación política mal jugada. A pesar del tibio respaldo recibido de Vicente Fox y sus archienemigos Felipe Calderón y Margarita Zavala quienes han puesto el acento en la utilización de las instituciones por parte del actual mandatario, otras destacadas voces de la derecha han levantado la ceja ante la maniobra.
Ricardo Zavala escribió en su columna en El Financiero que “todavía no sabemos si la Fiscalía pidió orden de aprehensión contra el panista. Lo que llama la atención es que en este país la cárcel es para quienes hacen política opositora, los abrazos y respetos del presidente son para los miembros del crimen organizado y la libertad es para los corruptos confesos”. Por su parte el excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos rechazo a la decisión de Anaya aunque dijo entender las motivaciones que esconde. “Esa decisión que ha tomado Ricardo de exiliarse la entiendo, pero no la comparto. Yo jamás me exiliaría ni que fuera sentenciado a muerte por estos rufianes, pero entiendo a Ricardo Anaya con solo escuchar lo que acaba de declarar ese tartufo que, para desgracia de todos nosotros, tiene la investidura presidencial”, dijo Fernández de Cevallos.
Ricardo Anaya, quien obtuvo 12 millones de votos frente a los 30 millones de López Obrador, reconoció en su regreso a la vida política que “perder la elección fue un trago amargo” pero también “una oportunidad para madurar y poner a prueba mi carácter”.


