El panorama económico de México se revela complejo y preocupante, especialmente a la luz de los últimos datos que apuntan a un estancamiento crónico. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de noviembre del 2025 mostró un retroceso mensual de -0.16 por ciento. Este dato, junto con un crecimiento anual de apenas 0.37 por ciento, anticipa un desempeño mediocre del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
La narrativa oficial podría intentar suavizar la situación. Sin embargo, las cifras son claras y preocupantes: durante los últimos años de la autollamada Cuarta Transformación, la economía mexicana ha mostrado una expansión promedio de solo 0.8 por ciento anualmente, lo que en términos económicos se traduce en estancamiento. A este ritmo, el crecimiento de la población se convierte en un desafío creciente.
En 2025, el panorama laboral fue igualmente desalentador, con la creación de poco más de 270,000 empleos formales ante el IMSS, frente a la incorporación anual de 1.2 millones de jóvenes al mercado laboral. Esta desproporción resalta una realidad alarmante: el crimen organizado ha pasado a ser uno de los principales empleadores del país, en un contexto donde la informalidad laboral supera el 55 por ciento.
Desde el propio partido en el poder, Morena, se empieza a reconocer este fenómeno, aunque con un tono cínico. La presidenta Claudia Sheinbaum, junto a sus asesores, intenta validar un modelo de “humanismo mexicano”, pero el contexto económico exige una mirada más pragmática. Las alteraciones en las reglas de inversión, motivadas por decisiones políticas, han erosionado la certeza jurídica, un factor crucial para la atracción de capitales.
Sin la confianza necesaria, los empresarios pueden percibir a México como un ambiente hostil. La inseguridad, manifestada en secuestros o asaltos en las carreteras, plantea un escenario en el que la inversión extranjera se torna incierta. Aunque el gobierno insista en la retórica de la soberanía, la realidad demuestra que elementos como las tormentas invernales impactan más en el desarrollo económico que cualquier intento de controlar la inversión en el sector energético.
El estancamiento observado no puede ser considerado un simple número más en las estadísticas. Es el resultado de un modelo que, priorizando el control político sobre la eficiencia económica, ha llevado al país a un callejón sin salida. Lo que México realmente necesita es una dirección que comprenda que, sin inversión privada en infraestructura y sin un marco jurídico seguro, el futuro económico se presenta oscuro, encadenando al país en una economía de cero.
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