Una sorprendente isla cubierta de árboles apareció y desapareció repentinamente en el embalse de Williston, ubicado en el norte de Columbia Británica, Canadá. Este fenómeno, que dejó perplejos tanto a residentes como a científicos, fue reportado el 6 de septiembre de 2026. La isla, con dimensiones aproximadas de 70 por 140 metros—contando cerca de 9,800 metros cuadrados—fue vista flotando en las aguas del embalse sin que se pudiera identificar su ubicación precisa. A pesar de su tamaño, no había indicios de intervención humana en su formación, lo que añadió un aire de misterio al suceso.
Las primeras imágenes de esta curiosa formación surgieron en agosto, evidenciando su existencia gracias a un navegante que las capturó, lo que posteriormente llevó a Rocky Avery, un residente local, a compartir el material en redes sociales. “En mis cuatro décadas viviendo en Canadá, jamás vi algo parecido”, declaró Avery. La empresa eléctrica B.C. Hydro, encargada de gestionar la presa W.A.C. Bennett, recibió las imágenes con escepticismo, especialmente debido a la creciente desconfianza en las imágenes generadas por inteligencia artificial. Sin embargo, el uso de imágenes satelitales confirmó la existencia de la isla, identificada en una toma del 21 de julio a unos 100 kilómetros al oeste de la presa.
El 5 de agosto, la isla dejó de aparecer en las imágenes satelitales, generando incertidumbre sobre su estado. Se temía que se hubiera hundido o que hubiera sido desplazada hacia un área más segura. La incógnita se resolvió a finales de agosto, cuando B.C. Hydro confirmó que la formación había recalado en la entrada norte del brazo de Ospika, a aproximadamente 30 kilómetros de su última ubicación registrada.
El desplazamiento de la isla se explicó por el aumento del nivel del agua y la fuerza del viento. En una reciente entrevista, Bob Gammer, portavoz de B.C. Hydro, destacó que la corriente en esta parte del embalse avanza lentamente, sugiriendo que el viento pudo haber movido esta masa de vegetación por las aguas abiertas. Este fenómeno ha podido estar relacionado con niveles excepcionalmente altos del agua, resultado de un invierno con abundantes nevadas y un verano lluvioso, lo que llevó a abrir los aliviaderos en junio y julio.
Geólogos y ecólogos han ofrecido distintos análisis sobre la formación de la isla. John Clague, de la Universidad Simon Fraser, comentó que la erosión acumulada aproximadamente volvió inestables algunas zonas de la costa, mientras que Natalie Kramer Anderson de National Geographic, señaló que grandes depósitos de madera pueden permanecer durante décadas y servir como base para el crecimiento de nueva vegetación. Rebecca Helm, ecóloga marina, argumentó que esta infraestructura natural ha sido más común en el pasado, antes de que las actividades humanas afectaran los procesos naturales que favorecen su formación.
El caso de la isla en Columbia Británica no es único; existen fenómenos similares en distintas partes del mundo. Por ejemplo, en Wisconsin se encuentra una formación conocida como ‘Forty Acre Bog’, que necesita ser retirada cada año para evitar que colisione con un puente. En el lago Victoria, en África, formaciones parecidas interfieren con infraestructuras hidroeléctricas.
Aunque B.C. Hydro no ha planeado tomar medidas drásticas para manejar la situación, se ha comprometido a continuar monitorizando el área con imágenes satelitales y recepcionando avisos de la comunidad. Gammer fue claro al indicar que es posible acercarse a la isla en barco o dron, pero se desaconsejaba el desembarco. Así, el fenómeno continúa captando la atención de curiosos y científicos, revelando la capacidad del entorno natural para sorprendernos.
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