Los políticos a menudo parecen convencidos de que su poder es interminable, un halo de autoridad que perdura sin límites en el tiempo y el espacio. Sin embargo, con cada día que pasan en el cargo, se desvanecen de la realidad que les impone restricciones y desgasta sus capacidades. Este fenómeno, conocido como desconexión del poder, se vuelve particularmente evidente cuando su capacidad de convertir órdenes en acciones efectivas comienza a desmoronarse. En este contexto, los modelos democráticos deben fundamentarse en la rotación de élites y la contención del poder del mandatario en funciones, un principio que parece amenazado en la actualidad.
La administración de Andrés Manuel López Obrador ha buscado restablecer un tipo de presidencialismo que recuerda a los días de hegemonía del PRI, con la figura del caudillo como un pilar central. Sin embargo, la realidad ha mostrado un panorama adverso: un país asediado por el crimen organizado, una economía estancada y un sector público al borde de un colapso financiero. Estas condiciones socavan la capacidad de la llamada Cuarta Transformación (4T) para mantener su poder formal.
Las implicaciones de este modelo, construido por políticos ambiciosos y a menudo ineptos, son evidentes en el caos diario que permea en la nación. México se encuentra en una travesía hacia un vacío de poder, donde la ausencia de autoridad y ley se ve rápidamente suplantada por aquellos que poseen la fuerza suficiente para imponer su voluntad, sin un plan de gobierno lógico o viable. La reciente actitud condescendiente de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, hacia la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el desorden observado en la Ciudad de México durante eventos internacionales pone de manifiesto la desconexión de las autoridades respecto a cuestiones fundamentales como la infraestructura pública.
El deterioro del proyecto 4T no solo se debe a la dificultad de trasmitir el liderazgo de Andrés a Claudia, sino también a la evidente falta de cuadros profesionales que puedan implementar políticas efectivas. La situación se manifiesta en aeropuertos saturados, refinerías propensas a fallar y trenes diseñados sin la viabilidad financiera adecuada; estos ejemplos son testimonio de la ineficacia de un programa gubernamental inviable.
Resulta fundamental considerar el desvanecimiento de Morena en las elecciones locales de Coahuila como un reflejo de múltiples factores, incluidos los conflictos internos en el partido y la creciente presión por parte de autoridades estadounidenses para vincular a ciertos políticos morenistas con el crimen organizado. Este entorno agrava la fragilidad de una presidenta que parece requerir la protección de seguidores leales para afrontar la presión pública.
El desgaste del poder es innegable, aunque queda por ver cuándo este caos provocará una respuesta que fuerce al gobierno a reconsiderar su rumbo. La persistente obsesión por mantenerse en el poder parece prevalecer sobre la urgencia de reconocer los peligros que enfrenta el país. La situación actual nos deja ante un escenario incierto, donde el futuro de la administración actual pende de un hilo y la búsqueda de soluciones viables es más urgente que nunca.
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