En la Ciudad de México, la escena del arte contemporáneo ha estado históricamente dominada por los barrios de Condesa, Roma y San Miguel Chapultepec, donde se concentran numerosas galerías. Sin embargo, en los últimos cinco años, un nuevo protagonista ha emergido: Santa María la Ribera, un barrio al oeste del centro de la ciudad, que ha adquirido notoriedad como espacio auténtico para el arte mexicano, despojado de las formalidades típicas de las galerías tradicionales. Esta transformación ha sido impulsada por el creciente número de artistas que han decidido establecer sus talleres en la zona.
Andrew Roberts, un artista originario de Tijuana que participó en la Bienal de Whitney 2022 y en la Bienal de São Paulo 2025, describe a Santa María la Ribera como un vasto estudio de arte colaborativo. Roberts, quien se trasladó allí con su pareja, el pintor Mauricio Yael, destaca factores clave como la ubicación central, el acceso a transporte público y los alquileres asequibles, además de las grandes casas de la era porfiriana y los almacenes que resultan ideales para los artistas visuales. “Es un área increíble para vivir y trabajar”, comenta Yael, quien además organizará un estudio abierto durante la semana del arte en Sabino 234.
Artistas como Cosa Rapozo y Cecilia Barreto, quienes han sido parte de eventos importantes como el Salón Acme y la Trienal de Arte Latinoamericano de Nueva York, resaltan la conveniencia y la atmósfera de pequeña aldea que ofrece Santa María. Rapozo menciona que los precios de los alquileres son más accesibles en comparación con áreas gentrificadas como Condesa y Roma, aunque Barreto señala que los costos también están en aumento, indicando un posible cambio en la dinámica del barrio. “No estoy segura de cuánto tiempo más permanecerá siendo un barrio de artistas”, advierte.
Desde la llegada de estos artistas durante la pandemia, entre 2020 y 2021, varios espacios artísticos nuevos han surgido en Santa María la Ribera. Entre ellos destacan la Casa Siza, diseñada por el arquitecto ganador del Premio Pritzker Álvaro Siza, el Vernacular Institute, creado por Jo Ying Peng, y Lolita Pank, un lugar que se enfoca en obras de artistas femeninas. También se encuentra el complejo Estudios Maravilla, que albergará la Material Fair este año.
Aún antes de que los artistas empezaran a llegar, Santa María la Ribera era conocida por dos hitos culturales destacados: el Kiosco Morisco, un quiosco del siglo XIX, y el Museo Universitario del Chopo, una estructura de Art Nouveau que ha funcionado como museo durante más de 50 años. Su directora, Sol Henaro, enfatiza la dinámica del barrio, que ha pasado por múltiples fases a lo largo del tiempo. “Es un lugar muy dinámico… y seguimos siendo testigos de su transformación”, añade.
Con el auge del arte contemporáneo, Santa María la Ribera se perfila como un nuevo epicentro cultural en la capital mexicana, atrayendo a una comunidad artística que busca no solo un espacio para trabajar, sino también un entorno donde el arte pueda fluir libremente. La evolución del barrio promete continuar, y la pregunta sobre su futuro como espacio artístico permanece en el aire.
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