En 1964, un estudio innovador en una escuela de arte reveló nuevas perspectivas sobre el proceso creativo. Un grupo de 31 estudiantes se enfrentó a un reto: crear un boceto de una naturaleza muerta en solo una hora, utilizando una selección de 27 objetos cuidadosamente elegidos, que incluían desde un racimo de uvas hasta un libro antiguo. Lo notable no fue solo el resultado artístico, sino cómo cada estudiante abordó la tarea.
Los investigadores Mihaly Csikszentmihalyi y Jacob Getzels observaron dos enfoques distintos. Alrededor de la mitad de los estudiantes eligieron rápidamente sus objetos, los organizaron y pasaron el resto del tiempo perfeccionando sus dibujos. Estos artistas parecían tener una visión clara antes incluso de comenzar. En contraste, el otro grupo dedicó la mayor parte de su tiempo a explorar las posibilidades: manipulaban los objetos, cambiaban composiciones y, a menudo, comenzaban de nuevo. Este último enfoque, que se centra en “encontrar” el problema visual, fue clave para un descubrimiento fundamental en la investigación sobre la creatividad.
Los investigadores encontraron que este proceso de “encontrar problemas” es esencial no solo para el arte, sino también para la resolución de problemas complejos en el mundo real. Esta forma de creatividad, lejos de limitarse a resolver cuestiones bien definidas, se interesa por formular qué problema se debe abordar en primer lugar. Este concepto se volvió un pilar en la investigación sobre la creatividad, especialmente en relación con lo que hoy se conocen como “problemas malditos”, aquellos que son complejos y sin soluciones evidentes.
Años después, se realizó un seguimiento de los estudiantes que habían adoptado este enfoque de “encontrar problemas”. La investigación mostró que aquellos que exploraron más profundamente obtenían resultados más originales y estéticamente cautivadores. A cinco años de graduarse, se constató que los artistas que más se dedicaron a este enfoque en la escuela tenían carreras más exitosas en el mundo del arte. De los estudiantes que tenían un enfoque menos inquisitivo, la mayoría había abandonado la práctica artística.
La influencia de esta investigación ha permeado el ámbito educativo de la creatividad, donde muchos educadores ahora enfatizan la importancia de cultivar este estilo de pensamiento en sus estudiantes. La habilidad de formular problemas representa un proceso que va más allá de la simple lógica; se conecta con experiencias más profundas y holísticas del individuo.
A medida que avanzamos en un mundo que enfrenta desafíos cada vez más complejos, el valor de una mentalidad orientada a la exploración y el descubrimiento se vuelve crucial. Fomentar este tipo de creatividad no solo beneficia a artistas, sino que también puede ser invaluable en otras disciplinas y profesiones. La capacidad de hacer preguntas significativas y de explorar antes de llegar a una solución podría ser la clave para abordar algunos de los problemas más apremiantes de nuestra era.
Con el legado de este estudio en mente, es esencial que sigamos promoviendo la creatividad en todas sus formas. La experiencia nos indica que, en última instancia, quizás sea más importante aprender a formular los problemas adecuados que simplemente encontrar respuestas a aquellos que ya comprendemos.
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