En un episodio memorable de la cuarta temporada de Los Soprano, Tony Soprano y su hijo A. J. recorren un barrio empobrecido de Newark, Nueva Jersey, donde los ecos del pasado italiano resuenan a través de un lugar devastado por la crisis de la droga. La conversación entre padre e hijo se convierte en una reflexión profunda sobre la importancia del suelo, un recurso finito que representa una inversión clave en un mundo en el que cada vez hay menos disponibles. A través de sus palabras, Tony ofrece un consejo inesperado y contundente: “Compra suelo, porque Dios no va a hacer más”.
Esta anécdota, aunque ficticia, ilustra una realidad económica que se ha vuelto cada vez más pertinente en la discusión sobre el acceso a la vivienda. A pesar de que el debate público a menudo se centra en las casas, es esencial reconocer que el problema radica en la escasez de suelo. Según el periodista Mike Bird, el suelo es un activo que desafía las leyes del capitalismo. Su oferta es limitada, lo que a su vez significa que el valor de la tierra nunca disminuye significativamente; este es un fenómeno que ha contribuido a que las propiedades en Newark, a donde se trasladan trabajadores en busca de alquileres más asequibles, hayan aumentado en valor cerca de un 1000% en los últimos años.
A lo largo de la historia, el suelo se ha mantenido como un factor determinante en el desarrollo económico. Desde la Revolución Americana, cuando se utilizaba como colateral para respaldar préstamos, hasta el presente, donde las hipotecas siguen siendo la forma más común de endeudamiento, el suelo ha jugado un papel crucial. De hecho, el valor de una vivienda a menudo está formado en un 70% por el terreno en el que se asienta; una casa vacía en el centro de una gran ciudad puede tener un precio elevadísimo solo por la prosperidad que la rodea.
Con el auge del capitalismo moderno, este interés por el suelo ha puesto de relieve un dilema: el rentismo inmobiliario. En la actualidad, grandes corporaciones han adaptado sus modelos de negocio, y ahora muchas de las más grandes empresas del mundo, incluida McDonald’s, generan ingresos significativos a través de alquileres de propiedades que poseen. En 2023, McDonald’s reportó que más del 70% de sus activos estaban vinculados a bienes raíces.
El problema no es exclusivo de las grandes corporaciones; también afecta a pequeños propietarios. En países como España, si bien ha crecido el porcentaje de grandes tenedores de vivienda, la mayoría siguen siendo pequeños propietarios. No obstante, lo que subyace a esta situación es la falta de suelo disponible, y no simplemente la concentración de capital. Un tercio de las fortunas de las personas más acaudaladas del mundo está respaldado por propiedades inmobiliarias, lo que convierte al suelo en un refugio seguro contra la inflación y un activo apreciado constantemente.
Por tanto, el contraste entre el acceso a la vivienda y la concentración de la propiedad revela una cuestión central en la economía contemporánea: la escasez de suelo y su explotación financiera. A medida que nos enfrentamos a la realidad del mercado inmobiliario, la reflexión sobre la inversión en suelo se vuelve más urgente.
En conclusión, el suelo ha estado en el centro del crecimiento y desarrollo del capitalismo. Con la comprensión de que el suelo es limitado y fundamental para la economía, se hace evidente que debemos abordar este problema de forma integral, reconociendo su importancia no solo en el ámbito de la vivienda, sino en el tejido mismo de nuestra estructura económica. La riqueza contemporánea, en última instancia, parece estar firmemente arraigada en el suelo que pisamos.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

