La Reserva Federal (Fed), el banco central de Estados Unidos, quiere ver la reactivación económica más consolidada antes de comenzar a replegar los estímulos financieros pese a los crecientes temores de inflación. La institución, que regula la política monetaria estadounidense, ha decidido en su reunión mensual celebrada este miércoles mantener los tipos de interés en el rango de 0-0,25%, donde llevan instalados desde marzo de 2020, cuando la economía entró en coma inducido por la pandemia.
Los mercados daban por descontado que no se alteraría el precio del dinero, pero aguardaban señales sobre la otra pregunta clave, cuándo se deben empezar a frenar y a qué ritmo los estímulos derivados de la compra de activos, el otro gran yacimiento de liquidez para las empresas y familias. Y eso tendrá también que esperar. Al menos si la inflación no desbarata los planes de la Fed. Los precios aumentaron en junio un 5,4%, el nivel más alto en 13 años.
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El presidente de la institución, Jerome Powell, destacó este miércoles en la rueda de prensa que la inflación en EE UU “podría ser más alta y persistente de lo que esperábamos”. Y aseguró que el banco central está preparado para actuar si no se modera en los próximos meses. Powell remarcó la evolución positiva de la primera economía del mundo, pero recalcó que no lo ve aún en el punto de “progreso sustancial” necesario para levantar el pie del acelerador. “Quiero ver algunos números más fuertes de empleo”, añadió, pero evitó concretar qué cifras y porcentajes significarían esa mejora considerable. El nivel de desempleo se situó en un 5,9% el pasado junio, una décima por encima del mes anterior y todavía lejos del 3,5% de antes de la pandemia.
Los miembros de la Fed se han sentado a discutir sobre estas cuestiones en un contexto de alta inflación y un volumen de contrataciones firme, que invita a levantar el pie del acelerador, pero también con el nivel de empleo aún por debajo de los niveles prepandemia y con la incertidumbre de la variante delta enturbiando todos los pronósticos. Ese escenario mixto determina el debate y ese es el mensaje intrincado que ha dejado el comunicado de la institución con su lenguaje de banco central, en el que tiene un enorme peso un adjetivo: Estados Unidos ha logrado “progresar”, pero aún no “un es un progreso sustancial”. “El comité seguirá analizando los progresos de los activos en las próximas reuniones”, apunta.
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Los precios llevan cuatro meses seguidos de repuntes agudos, a un nivel no visto desde la Gran Recesión. El pasado junio, último dato disponible, aumentaron un 5,4% respecto al mismo mes del año anterior, muy por encima del 4,9% que habían pronosticado los expertos, también del 5% registrado en mayo, el avance más rápido registrado desde agosto de 2008. Tanto Powell como la Casa Blanca han restado gravedad a esta evolución arguyendo que se trata de un fenómeno temporal causado, esencialmente, por un encarecimiento de productos concretos debido a problemas puntuales de oferta, como es el caso de los automóviles, debido a la escasez de microchips, en un momento de aumento de demanda. Powell insistió en ello este miércoles.
Algunos miembros de la Fed, con todo, se han mostrado ya partidarios de empezar a reducir las inyecciones de dinero para abaratar el crédito y espolear la economía. La institución está comprando un volumen mensual de activos de 120.000 millones de dólares (80.000 millones en títulos del Tesoro y 40.000 en títulos hipotecarios al mismo tiempo que el precio del dinero sigue en prácticamente cero. Uno de los que han encendido las alarmas ha sido el presidente de la Fed de San Luis, James Bullard. En una reciente entrevista en The Wall Street Journal: “Estoy un poco preocupado de que estemos alimentando una incipiente burbuja inmobiliaria”. “Creo que con la economía creciendo al 7% y la pandemia bajo un mayor control es el momento de empezar a retirar las medidas”, añadió. Robert Kaplan, de la Fed de Dallas, también se mostró partidario de que el repliegue empiece “pronto”.
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En la reunión de junio, la Fed elevó su previsión de crecimiento para este año hasta el 7%, frente a la proyección del 6,5% que había hecho el pasado marzo, lo que da alas al argumento de que la economía debe empezar a reducir el consumo de cafeína proporcionada por los bancos centrales. Pero solo un mes después, la rápida expansión de la variante Delta ha elevado las dudas: la Administración de Joe Biden ha advertido de que seguirá cerrado de forma indefinida a los viajeros de Europa, los contagios suben por todo Columna Digital y las autoridades sanitarias vuelven a pedir el uso de mascarillas en interiores para personas vacunadas que se encuentren en zonas de alta incidencia.
El martes el Fondo Monetario Internacional dio una cal de y otra de arena sobre los estímulos. Compartió, por un parte, la perspectiva de que las actuales presiones inflacionistas son “transitorias” y, por tanto, deben evitar ajustes en la política monetaria hasta que haya “más claridad sobre la dinámica de los precios subyacentes”. Por otra, recordó lo evidente: “Existe el riesgo de que las presiones transitorias se vuelvan más persistentes y los bancos centrales deban tomar medidas preventivas”.


