Dentro de la animada atmósfera de Catch One, el último viernes de agosto, los rayos de neón bañan la pista de baile, donde cuerpos se mueven en una armonía casi devocional. Este espacio se ha convertido en un santuario para los ravers de Los Ángeles que se congregan para rendir homenaje a Labubu, la adorable figura coleccionable que ha cautivado a una amplia diversidad de asistentes, desde fervientes admiradores hasta meros curiosos. En total, unas 250 personas mayores de 18 años se unieron a la celebración, mientras una fila serpenteaba por el estacionamiento, impregnando el aire nocturno con suaves aromas de cannabis.
Los asistentes abarcan un espectro amplio: verdaderos creyentes, cazadores de tendencias, puristas de la vida nocturna, aspirantes a influencers, y aquellos que simplemente buscan ser vistos. “¡Es el rave de Labubu, bebé!”, exclamó John, un estudiante de derecho de 27 años, orgulloso de mostrar un Labubu edición limitada de Coca-Cola, que sostuvo como si fuera un trofeo. La popularidad de Labubu, un fenómeno global que ha despegado en el último año, ha sido impulsada por un gran número de celebridades que lo han adoptado como su favorito. Desde Rihanna hasta BTS, pasando por Kim Kardashian y Naomi Osaka, el eco de su entusiasmo ha resonado en la cultura pop.
Creado en 2015 por el artista Kasing Lung, Labubu ha visto un auge significativo en su demanda, con el fabricante chino Pop Mart reportando un asombroso ingreso de más de 670 millones de dólares en la primera mitad de 2025, lo que representa un incremento del 668% en comparación al año anterior.
Dentro del recinto, una pantalla LED del tamaño de una sala de cine proyecta animaciones del querido juguete, mientras el DJ incita a la multitud a levantar sus Labubus en un ritual colectivo. “Todo el mundo, ¡levanten su Labubu!”, ordena, y las manos se elevan en el aire con entusiasmo. La energía es contagiosa, creando una atmósfera irresistible que hace que cualquiera quiera unirse.
Aiden, un joven de 21 años y gerente de una compañía de moda, resalta que poseer un Labubu es ahora un símbolo de distinción social. “Si lo combinan bien con un buen atuendo y toman una foto, se convierte en un look”, explica, insinuando que tener uno es un indicador de buen gusto en la cultura contemporánea.
Lo que ha comenzado como una tendencia consumista ha transformado la percepción de los objetos coleccionables, haciendo de Labubu más que solo un juguete: se ha establecido como un ícono de estatus y apreciación estética en un mundo dominado por el marketing digital y las modas volátiles.
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