La Fundación Elena Poniatowska fue el escenario de una velada espectacular el pasado jueves, 30 de octubre de 2025, donde el amor y la nostalgia se entrelazaron en una experiencia musical inolvidable. La soprano Julieta González-Springer y el guitarrista Mateusz Lawniczak ofrecieron un recital titulado “Amor y canto del Renacimiento al Romanticismo de Chopin y Moniuszko,” que deslumbró a los presentes con una variada selección de obras que abarcó cinco siglos de música.
Durante la actuación, González-Springer evocó una amplia gama de emociones —amor, nostalgia, esperanza— mientras exploraba la rica herencia musical polaca. El recital comenzó con “Claros y frescos ríos,” creada por el vihuelista español Alonso Mudarra en el siglo XVI, marcando así un pacto sonoro con el público. A ello le siguió “Aquel caballero, madre”, de Luis de Milán, donde la maestría de Lawniczak en la vihuela ofreció un acompañamiento amoroso que resonó con el relato de la soprano.
Las interpretaciones continuaron con una transición a lo barroco temprano, presentando canciones que eran populares en las cortes francesas, pero que aún conservaban sus raíces hispanas. Las piezas anónimas, recopiladas por Gabriel Bataille, exploraron el ardor del enamoramiento a través de versos melódicos, capturando la esencia del amor romántico de la época.
Interesantemente, la presencia de la escritora Elena Poniatowska, de ascendencia polaca, aportó un significado especial a la soirée. La conexión emocional con su linaje resonó cuando Lawniczak mencionó la singularidad de interpretar a Chopin con la guitarra en México, donde este tipo de abordaje es poco común.
A medida que avanzaba la noche, el recital fue enriquecido con salmos polacos del “Salterio de David”, traídos de manera especial bajo el auspicio del Instituto Adam Mickiewicz. La selección incluyó salmos que combinaban solemnidad y alegría, uniendo lo humano con lo divino en un diálogo musical cautivador.
Con un cambio de instrumento, Lawniczak tomó la guitarra para abordar el siglo XIX en su repertorio. Un tema angelical y esperanzador exploró el amor juvenil, mostrando la interconexión entre generaciones, seguido de una desgarradora pieza de Chopin que relataba el lamento de una madre por sus hijas.
La velada concluyó con una sincera serenata dedicada a Poniatowska, donde González-Springer expresó el deseo de transformarse en un “sol” que iluminara la vida de quienes la escuchan. Finalmente, cerraron el recital con “La Llorona,” una poderosa declaración de amor que resonó profundamente entre los asistentes, marcando así el final de una noche donde la música y la nostalgia se fundieron en una experiencia inolvidable.
Este recital no solo celebró la rica herencia cultural de Polonia, sino que también significó el cierre de una serie de actuaciones en México, dejando una huella imborrable en el corazón de aquellos que tuvieron la fortuna de ser parte de este evento excepcional.
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