La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha dado un giro sorpresivo al anunciar la apertura de su Gobierno al fracking, una técnica de extracción de gas del subsuelo. Este cambio tiene como objetivo reducir las importaciones de gas provenientes de Estados Unidos. La decisión, que llega tras meses de señales ambiguas, busca preparar el terreno sin generar controversias desde el inicio. Sin embargo, numerosos colectivos ambientalistas y movimientos progresistas han alzado la voz en contra de esta técnica, argumentando que su uso implica grandes cantidades de agua y genera graves impactos en la salud de las comunidades.
Claudia Sheinbaum, quien posee formación en Física e Ingeniería en Energía, ha tenido un recorrido notable en el ámbito del cambio climático. En la década de los noventa, fue pionera en estudios sobre este fenómeno y formó parte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007. Durante su campaña presidencial, se comprometió a mantener la prohibición del fracking, apuntando a la escasez de agua en el centro-norte del país como una razón importante para ello.
Como mandataria, ha tenido que moderar sus preocupaciones ambientales en favor de una estrategia centrada en la soberanía energética de México. Un cambio notable fue el rechazo del partido oficialista, Morena, a una enmienda que buscaba prohibir el fracking desde la Constitución, lo que fue interpretado como un movimiento estratégico para allanar el camino hacia su implementación.
La presidenta ha sido asesorada por expertos que argumentan que la tecnología del fracking ha evolucionado y sus impactos en el medio ambiente son menores que antes. Según Sheinbaum, hoy en día es posible usar agua salada no potable en el proceso, y los aditivos químicos son menos agresivos. No obstante, múltiples organizaciones ambientalistas, como la Alianza Mexicana Contra el Fracking, niegan la existencia de un “fracking sustentable”, afirmando que los riesgos siguen siendo significativos y que la técnica genera una dependencia de los combustibles fósiles.
El potencial de los yacimientos de gas no convencional se concentra en el norte del país y en torno al Golfo de México, en Estados como Coahuila, Tamaulipas, Puebla y Veracruz. Se estima que existen aproximadamente 141 billones de pies cúbicos de gas en estas áreas, con Pemex planeando iniciar la extracción en 2027. Según proyecciones, para 2035, se podrían alcanzar producciones adicionales de hasta 3.196 millones de pies cúbicos diarios de gas no convencional, complementando la producción existente de la empresa.
Extraer gas a través del fracking representa un proceso costoso y lento. El Gobierno está desarrollando esquemas de inversión público-privada para facilitar la carga económica que esto representa. Sin embargo, este nuevo rumbo implica también un costo político significativo para Sheinbaum, quien parece estar desafiando tanto a los movimientos progresistas globales como sus propias promesas de campaña.
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