VIVENCIAS CIUDADANAS – LA GRAN BURLA DEL TRANSPORTE EN MORELOS

Por Teodoro Lavín León

El aumento de tres pesos a la tarifa del trans­porte público fue pre­sen­tado como el prin­ci­pio de una trans­for­ma­ción. Se habló de moder­ni­zar uni­da­des, mejo­rar el ser­vi­cio, for­ta­le­cer la super­vi­sión, pro­te­ger a estu­dian­tes, adul­tos mayo­res y per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad. Casi dos meses des­pués, lo único que llegó pun­tual­mente fue el cobro de trece pesos.

Las rutas siguen siendo las mis­mas, muchas uni­da­des con­ti­núan con­ver­ti­das en ver­da­de­ras car­ca­chas y el trato hacia los usua­rios no ha mejo­rado. No se advierte una reno­va­ción sig­ni­fi­ca­tiva del par­que vehi­cu­lar, tam­poco una capa­ci­ta­ción gene­ral de los ope­ra­do­res ni una vigi­lan­cia per­ma­nente de la auto­ri­dad. El ciu­da­dano paga 30 por ciento más, pero recibe prác­ti­ca­mente el mismo ser­vi­cio defi­ciente.

La gra­ve­dad del asunto está en que el pro­pio decreto publi­cado por el gobierno no auto­rizó el incre­mento como un che­que en blanco. Esta­ble­ció que la apli­ca­ción de la nueva tarifa que­daba “estricta e ine­lu­di­ble­mente con­di­cio­nada” al cum­pli­miento de la revista mecá­nica y de las obli­ga­cio­nes jurí­di­cas, téc­ni­cas, admi­nis­tra­ti­vas y de segu­ri­dad. Tam­bién ordenó a la Coor­di­na­ción Gene­ral de Movi­li­dad y Trans­porte super­vi­sar y hacer cum­plir las dis­po­si­cio­nes apro­ba­das. Así quedó asen­tado ofi­cial­mente.

Por tanto, la pre­gunta es ine­vi­ta­ble: ¿cuán­tas uni­da­des acre­di­ta­ron ver­da­de­ra­mente la revista mecá­nica antes de comen­zar a cobrar trece pesos? ¿Dónde está el padrón público de vehí­cu­los apro­ba­dos y recha­za­dos? ¿Cuán­tas uni­da­des fue­ron reti­ra­das por repre­sen­tar un peli­gro? ¿Cuán­tos con­ce­sio­na­rios han sido san­cio­na­dos? ¿En qué rutas se veri­ficó la moder­ni­za­ción pro­me­tida?

Si el gobierno no puede res­pon­der con cifras, docu­men­tos y resul­ta­dos visi­bles, enton­ces el aumento fue entre­gado sin garan­ti­zar la con­tra­pres­ta­ción ofre­cida a la pobla­ción.

El caso de los adul­tos mayo­res es toda­vía más indig­nante. El acuerdo esta­blece cla­ra­mente una tarifa de cinco pesos. Sin embargo, han con­ti­nuado las denun­cias por cobros de ocho y hasta trece pesos, malos tra­tos y nega­ti­vas a reco­ger­los. En Cuer­na­vaca se han docu­men­tado que­jas con­tra ope­ra­do­res que inven­tan res­tric­cio­nes ine­xis­ten­tes o sim­ple­mente pasan de largo cuando obser­van a una per­sona mayor espe­rando la ruta. Las denun­cias han sido cons­tan­tes.

La prác­tica es pro­fun­da­mente abu­siva: como el adulto mayor paga menos, algu­nos cho­fe­res pre­fie­ren no dete­nerse. De esa manera obli­gan a per­so­nas de esca­sos recur­sos a espe­rar otra uni­dad o, en el peor de los casos, a con­tra­tar un taxi. El des­cuento existe en el papel, pero se con­vierte en cas­tigo en la calle.

El lla­mado Pase OLIN tam­poco puede pre­sen­tarse como solu­ción gene­ral. La pro­mesa ini­cial fue prác­ti­ca­mente de gra­tui­dad para estu­dian­tes, adul­tos mayo­res y per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad. Des­pués se reco­no­ció que no había recur­sos sufi­cien­tes para cum­plirla en esos tér­mi­nos. La pro­pia gober­na­dora admi­tió el error de cál­culo.

Final­mente se creó un pro­grama limi­tado a deter­mi­na­dos estu­dian­tes de nivel supe­rior, de cier­tas ins­ti­tu­cio­nes y cam­pus, sujeto a dis­po­ni­bi­li­dad pre­su­pues­tal. El apoyo es de mil cua­renta pesos bimes­tra­les y no repre­senta una polí­tica uni­ver­sal. Las reglas res­trin­gen cla­ra­mente la pobla­ción bene­fi­cia­ria. Pre­sen­tarlo como com­pen­sa­ción para todos es, como se dice popu­lar­mente, que­rer ven­derle chi­les en esca­be­che a Cle­mente Jac­ques.

A todo esto se suma el viejo pro­blema de la corrup­ción admi­nis­tra­tiva. Trans­por­tis­tas y ciu­da­da­nos siguen denun­ciando coyo­taje, inter­me­dia­rios y trá­mi­tes que sola­mente avan­zan cuando apa­rece el dinero. No basta cam­biar el nom­bre de la depen­den­cia si per­ma­ne­cen las mis­mas prác­ti­cas, los mis­mos ope­ra­do­res infor­ma­les y la misma opa­ci­dad.

El pro­blema ya no corres­ponde úni­ca­mente a los con­ce­sio­na­rios. Tam­bién es res­pon­sa­bi­li­dad de los fun­cio­na­rios que auto­ri­za­ron el aumento y des­pués per­mi­tie­ron los incum­pli­mien­tos. Si los trans­por­tis­tas se bur­la­ron del acuerdo, la auto­ri­dad tiene facul­ta­des para san­cio­nar, sus­pen­der y reti­rar uni­da­des. Si no lo hace, deja de ser víc­tima de la burla y se con­vierte en cóm­plice de la impu­ni­dad.

La gober­na­dora debe exi­gir resul­ta­dos inme­dia­tos a la Coor­di­na­ción de Movi­li­dad y Trans­porte. Se nece­sita publi­car la rela­ción de uni­da­des que apro­ba­ron la revista mecá­nica, reti­rar las que no cum­plan, esta­ble­cer ope­ra­ti­vos per­ma­nen­tes, san­cio­nar a quie­nes nie­guen los des­cuen­tos y abrir una inves­ti­ga­ción seria sobre el coyo­taje.

Los ciu­da­da­nos ya pusie­ron su parte: desde el pri­mero de julio pagan tres pesos más por cada viaje. Ahora corres­ponde al gobierno demos­trar que tiene auto­ri­dad. Por­que cobrar más sin mejo­rar nada no es moder­ni­za­ción: es una tomada de pelo.¿No cree usted?. Prin­ci­pio del for­mu­la­rio Final del for­mu­la­rio

 

 

 

 

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