Mientras el Foro Económico Mundial se lleva a cabo en Davos bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, una notable incongruencia se manifiesta en las acciones de Estados Unidos, que ha tomado el control de la infraestructura petrolera de Venezuela. Esta intervención unilateral ha instaurado una administración estadounidense de las reservas petroleras del país “por tiempo indefinido”, tal como lo ha declarado el presidente Donald Trump. Entre las conversaciones sobre cooperación global y el asalto a recursos en un país en crisis, se hace evidente una tensión significativa en la narrativa del foro.
Aunque las estrategias de intervención de EE. UU. en América Latina están evolucionando, el enfoque en la captura de recursos recuerda a las prácticas extractivas del pasado. En una edición de 2019, el historiador Rutger Bregman subrayó la dicotomía entre la retórica de la prosperidad compartida y la realidad de la concentración de la riqueza. A pesar de que las empresas deben cumplir con sus responsabilidades tributarias, es esencial ir más allá y revisar cómo se crea y distribuye el valor, considerando conceptos como la predistribución, que implica reestructurar la creación de valor desde el inicio.
Las misiones industriales, con objetivos relevantes y medibles, son fundamentales para abordar desafíos sociales al tiempo que fomentan la innovación. La descarbonización de la economía, por ejemplo, no solo transformaría el sector energético, sino también el transporte, la alimentación y la tecnología. Las políticas deben enfocarse en situaciones que mejoren la calidad de vida, en lugar de simplemente buscar el crecimiento económico como un fin en sí mismo.
Liderar este cambio implica vigilancia y estructuras adecuadas en asociaciones público-privadas. La experiencia del Reino Unido, con empresas como Palantir dominando servicios esenciales, revela cómo no estructurar estas asociaciones: un riesgo de dependencia y costo elevado. Es necesario que los contratos incluyan cláusulas que propicien un desarrollo de capacidades estatales y reduzcan la posibilidad de que se conviertan en herramientas de extracción.
Asimismo, casos como el de Thames Water en el Reino Unido reflejan un patrón donde los riesgos son socializados mientras las ganancias se privatizan. La reciente decisión británica de incentivar la energía eólica offshore muestra que se están aprendiendo lecciones, pero el éxito dependerá de la solidez de los marcos y condiciones fijados.
El modelo de colaboración debería basarse en la reciprocidad, ofreciendo beneficios públicos por apoyo estatal. La Ley CHIPS y Ciencia de Estados Unidos establece condiciones que vinculan el apoyo gubernamental a la responsabilidad empresarial en áreas como la capacitación de la fuerza laboral. Chile también ejemplifica un enfoque donde las empresas mineras deben invertir en sostenibilidad y actividades locales para acceder a recursos.
Para que estas asociaciones sean efectivas, es crucial implementar capacidades estatales que eviten la delegación de funciones esenciales a consultoras. La agencia sueca de innovación Vinnova ilustra este concepto al utilizar compras públicas no solo para abastecer, sino como palanca para transformar el sistema alimentario en torno a objetivos de salud y sostenibilidad.
A medida que las promesas del foro sobre el capitalismo inclusivo y el desarrollo sostenible emergen, es fundamental que se establezcan mecanismos concretos que aseguren un verdadero intercambio equitativo de riesgos y beneficios. La historia del extractivismo en América Latina debe ser un recordatorio de la necesidad de construir asociaciones reales y no solo sofisticados mecanismos de extracción.
Mientras grandes figuras tecnológicas exhiben su lealtad a Trump, promoviendo una cultura de dependencia y extracción, la eficacia de las instituciones multilaterales tradicionales se cuestiona. La urgencia de formar coaliciones comprometidas con un desarrollo sostenible se vuelve crítica en la formación de un nuevo marco de gobernanza global que priorice el bienestar colectivo.
Por lo tanto, el espíritu de diálogo solo tendrá sentido si conlleva una transformación radical en cómo se crea y comparte el valor. El verdadero progreso requerirá nuevos contratos que permitan una relación más simbiótica entre el sector público y privado, estableciendo un equilibrio en la distribución de recompensas. Sin estas transformaciones, corremos el riesgo de repetir los errores del pasado.
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