Una coyuntura clave en la conversación empresarial sobre la inteligencia artificial (IA) se ha centrado tradicionalmente en sus beneficios, tales como la automatización y la eficiencia. Sin embargo, un cambio significativo en su uso ha emergido: en 2025, las personas comenzaron a utilizar la IA principalmente para buscar acompañamiento emocional. Esta tendencia ha sido documentada en un estudio revelador que señala que el uso más común de la IA en ese año es "terapia o compañía", la cual se define como el soporte emocional a través de interacciones simuladas.
Este hallazgo es esencial, ya que indica que la IA está siendo utilizada no solo como una herramienta laboral, sino también como un recurso para el bienestar emocional de quienes trabajan. Lo alarmante es que esta asistencia emocional no actúa como un complemento a la terapia profesional, sino que se presenta como la única opción “disponible, accesible y libre de juicio” para muchas personas.
Surge entonces la inquietante pregunta: ¿qué tan solas se sienten las personas para optar por desahogarse con una máquina en vez de con colegas o supervisores? Este fenómeno no es ajeno a la dinámica laboral actual. La preferencia por interactuar con un sistema algorítmico en lugar de con un ser humano se debe a la falta de vínculos confiables en los entornos laborales.
Las estadísticas son reveladoras. Según una reciente encuesta del Inegi, el 15% de la población adulta ha experimentado síntomas de depresión, mientras que el 19% ha lidiado con la ansiedad. Cabe señalar que estos datos representan únicamente a aquellos dispuestos a reconocer su situación; la realidad podría ser aún más preocupante al incluir a quienes enfrentan estos problemas sin saberlo.
Varios factores laborales inciden en esta problemática, como los bajos salarios, la violencia en el trabajo y los estilos de liderazgo tóxicos. De hecho, la OIT y la OMS informan que los problemas de salud mental han aumentado un 25% desde que comenzó la pandemia de Covid-19, con estimaciones que indican que la depresión y la ansiedad provocan pérdidas anuales de 12,000 millones de días de trabajo y un impacto económico de un billón de dólares a nivel global.
De acuerdo a los datos expuestos, el reciente cambio hacia el uso de la IA generativa para aspectos personales, como terapia y búsqueda de propósito, es notable. Este fenómeno debe ser visto como una señal de alerta. Aunque no aparecerá en los informes de desempeño ni en encuestas de clima laboral, su presencia crece en silencio en los espacios donde se exigen resultados.
Es fundamental reconocer que, más allá de ser una herramienta de trabajo, la inteligencia artificial es un reflejo de lo que falta en muchas organizaciones: escucha, cuidado y humanidad. Si las empresas continúan automatizando sus procesos sin asumir la responsabilidad de ser ambientes de vida saludable, delegarán funciones profundamente humanas —como el acompañamiento emocional— a una tecnología que no está diseñada para cuidar a las personas.
El asunto aquí trasciende lo técnico; se ubica en el ámbito cultural y organizacional. Es un llamado a una reflexión urgente sobre las verdaderas necesidades de los empleados en el mundo moderno. Mientras el uso emocional de la IA continúe aumentando, es crucial que se encuentre un equilibrio que restablezca el valor de la conexión humana en el entorno laboral.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


