Hay ambiciones que ni Balzac se habría atrevido a imaginar. Cada mañana, al despertar, el multimillonario canadiense-sudafricano Errol Musk puede contemplar su vida con una extraña mezcla de satisfacción y resentimiento: su hijo es hoy el hombre más poderoso del mundo y, según algunos, está comprando —a buen precio— el gobierno de Estados Unidos. Pero como en las tragedias clásicas, el vínculo entre padre e hijo está marcado por el desprecio. Elon Musk ha calificado a su progenitor como un ser humano terrible, capaz de maldades inimaginables. La relación, marcada por distancias afectivas y escándalos familiares, está tan deteriorada que Errol no duda en hablar con frialdad sobre el pasado. “No ha sido un buen padre. El primer bebé estaba demasiado tiempo con niñeras y murió al cuidado de una. Si Elon escucha esto, me va a disparar o algo así, pero de todos modos es lo que pienso: eso no es bueno, demasiado ricos, demasiadas niñeras”, declaró. Un juicio duro, viniendo de alguien que ha protagonizado su propia colección de escándalos y contradicciones.
Errol considera que su hijo tiene demasiadas cosas en la cabeza: la ambición de colonizar Marte, la obsesión por vender sus productos al precio más alto, el deseo de dirigir el mundo y el eterno afán de acumular más dinero. En cuestión de semanas, Elon ha perdido y ganado fortunas gigantescas jugando en el casino del capitalismo global, una montaña rusa financiera que lo mantiene en la cima como el hombre más rico del planeta. Para su padre, esta manera de operar puede tener consecuencias desastrosas.
Nacido en 1946 de padre sudafricano y madre británica, Errol Musk fue educado en colegios de élite. Su fortuna se forjó bajo el régimen del apartheid, mediante negocios relacionados con el extractivismo y la explotación de minas de esmeraldas en Zambia, un esquema que no ha cambiado mucho desde entonces. Aunque en un inicio pareció mostrar cierta oposición al gobierno de Pretoria, su alineación con los intereses del régimen segregacionista pronto quedó en evidencia. Los Musk, a diferencia de los afrikáners o bóeres —colonos neerlandeses derrotados por los británicos en 1902—, pertenecen a la élite británica, los verdaderos amos históricos de Sudáfrica.
Hoy Errol sigue viviendo en Sudáfrica. Las condiciones laborales en sus minas, ubicadas en África Central, han sido señaladas por su precariedad, similares a las que imperaban durante el apartheid. En 1970 se casó con Maye, modelo y escritora de origen canadiense, hija de Joshua Heldeman. Fue ella quien le dio a Elon la ciudadanía canadiense. La historia de la familia, como ha documentado el periodista Chris MacGreal de The Guardian, está llena de sombras. En entrevista con Amy Goodman, MacGreal recordó que Joshua Heldeman fue durante la década de 1930 el líder del movimiento Technocracy Incorporated en Canadá, una corriente que proponía eliminar la democracia y entregar el poder a una élite tecnocrática, una idea que hoy resuena con inquietante familiaridad. Aquella organización fue finalmente prohibida por su afinidad con el fascismo y su simpatía hacia la Alemania nazi. Tras su caída en desgracia, Heldeman se refugió en Sudáfrica. Errol ha contado que su propio abuelo era abiertamente nazi y que deseaba vivir entre los afrikáners.
Elon Musk vivió en Sudáfrica hasta los 18 años, cuando su madre se divorció de Errol. Para entonces, según MacGreal, la familia ya era extremadamente rica. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Sudáfrica se convirtió en refugio ideológico para elementos pronazis, algo parecido a lo que ocurrió en varios países del Cono Sur latinoamericano. Este contexto moldea, en parte, la cultura política en la que se forjaron tanto Errol como Elon: una visión del poder, la tecnología y la riqueza bajo una óptica anglosajona y protofascista.
Por eso no sorprende que Donald Trump, en una de sus muchas provocaciones, haya ofrecido asilo en Estados Unidos a los afrikáners, supuestamente perseguidos por el gobierno democrático sudafricano. La narrativa del “pobre blanco rodeado de negros” se ha reactivado. El gobierno sudafricano, cabe recordar, fue quien presentó una denuncia por genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia por la situación en Gaza, lo que ha alimentado la animosidad de Trump hacia Pretoria. Ya en su primer mandato, su administración estrechó vínculos con AfriForum, una organización de granjeros afrikáners que promovió el bulo del “genocidio blanco”. Ese grupo, que ahora vuelve a posicionarse como víctima de la transformación sudafricana, ha sabido conectarse con la maquinaria ideológica de Washington, usando las mismas estrategias discursivas que Trump: acusar de persecución mientras se consolidan privilegios históricos.
Rachel Savage, también desde The Guardian (10 de marzo de 2025), ha documentado las declaraciones de Elon Musk sobre las reformas agrarias impulsadas en su país de origen. Estas medidas buscan redistribuir la tierra y favorecer a los agricultores negros, históricamente desplazados. Musk, sin embargo, considera que estas reformas son racistas contra los blancos, quienes representan solo el 7 por ciento de la población pero aún controlan el 70 por ciento de las tierras cultivables.
En Sudáfrica, subsiste una élite blanca adinerada —como Errol Musk— que vive encerrada en burbujas de privilegio. Las políticas de transformación impulsadas tras el apartheid han puesto límites a esas burbujas, obligando a empresas a asociarse con socios negros o a ceder parte del control. Esto ha afectado tanto al padre como al hijo. Mientras Errol resiste los cambios en sus negocios locales, Elon intenta colocar su red satelital Starlink en el país, pero las nuevas leyes lo obligan a negociar con empresas propiedad de inversionistas negros. Lo que antes era un feudo colonial exclusivo ahora exige inclusión, y eso, para los Musk, representa una amenaza a su modelo de poder y de negocios.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


