Engancharse en actividades artísticas y culturales ha demostrado tener efectos sorprendentes en la salud biológica, revelando que tales prácticas pueden ralentizar el proceso de envejecimiento. Un estudio monumental realizado por investigadores de University College London (UCL) y publicado el 11 de mayo en la revista Innovation in Aging, establece por primera vez esta conexión.
El análisis incluyó a 3,556 adultos en el Reino Unido cuyos relojes epigenéticos se midieron a través de muestras de sangre para determinar sus edades biológicas, en contraste con la edad cronológica. Esta metodología permite comprender cómo el envejecimiento impacta a las personas a un nivel más profundo. Las encuestas completadas por los participantes también brindaron información crucial sobre la frecuencia de su involucramiento en actividades culturales, como cantar, bailar, pintar, hacer manualidades y visitar museos.
Los resultados son contundentes: aquellos que participaban en actividades culturales mensualmente mostraban una edad biológica que les daba una ventaja de 0.8 años en comparación con sus pares que solo participaban una o dos veces al año. Más impresionante aún, los individuos que se comprometían con estas actividades semanalmente presentaban una diferencia de 1.02 años.
Daisy Fancourt, autora principal del estudio y directora del Grupo de Investigación Socio-Bioconductual en UCL, explica que no solo es esencial participar regularmente en actividades artísticas, sino también involucrarse en una variedad de ellas. “Cada tipo de actividad artística—desde la lectura hasta asistir a actuaciones culturales—tiene diferentes efectos sobre nuestro bienestar cognitivo, emocional y fisiológico”, señala. Así, la diversidad en estas prácticas artísticas se vuelve tan esencial como mantener una dieta equilibrada.
El estudio concluye que el impacto positivo de estas actividades sobre el envejecimiento biológico se amplifica a medida que las personas envejecen. A través de sus hallazgos, se argumenta que participar en las artes puede ser igualmente, si no más, beneficioso para la salud biológica que participar en actividades físicas como correr o practicar yoga. Como tal, Fancourt sostiene que es fundamental integrar el compromiso artístico en las estrategias de salud pública. “No debemos tratarlo como un lujo, sino como una necesidad”, enfatiza, sugiriendo la importancia de la participación diaria creativa, de manera similar a la recomendación de caminar 10,000 pasos al día o consumir cinco porciones de frutas y verduras.
Esta investigación forma parte de un programa de £3.5 millones financiado por Wellcome, que promete ofrecer una comprensión más profunda del impacto global y molecular del compromiso en las artes como conducta que promueve la salud, alineándose con un creciente cuerpo de trabajo que explora el vínculo entre el arte y el bienestar. Sin duda, estas revelaciones abren nuevas puertas para fomentar la salud y el bienestar a través de la educación y el acceso a la cultura.
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