Jean-Marc Bottazzi, un destacado comerciante de bonos japonés, pertenece a una familia marcada por el arte. Aunque su infancia en un área de escasos recursos cerca de Lyon no estuvo rodeada de museos, su pasión por el arte ha florecido en su vida adulta. Con aproximadamente 1,000 obras en su colección, que abarca desde la abstracción hasta la fotografía conceptual, Bottazzi ha creado un tesoro que refleja su experiencia global. Su colección incluye obras de figuras icónicas como el pintor Abstract Expressionist Robert Motherwell y el artista francés Simon Hantaï, a quien Bottazzi considera el artista más importante de Francia tras la Segunda Guerra Mundial.
Residiendo actualmente en Hong Kong, luego de una temporada en Tokio, su enfoque en la recolección se basa en un entendimiento profundo de cómo el arte puede impactar a los artistas mismos. Bottazzi sostiene que coleccionar no debe ser una mera tarea de “marcar casillas”; en cambio, su objetivo es hacer una diferencia tangible en la vida de los creadores que admira. En este sentido, su compromiso es notablemente profundo, particularmente con el artista japonés A-Yo, conocido por sus vibrantes pinturas y esculturas que desafían las normas elitistas del arte. Bottazzi ha sido un vital contribuyente para una reciente exposición monográfica de A-Yo en el museo M+ de Hong Kong, donde también colabora como miembro del comité internacional de artes visuales.
Su visión sobre el coleccionismo se manifiesta a través de su deseo de adquirir no solo obras, sino también un sentido de comunidad y apoyo hacia los artistas. Esta filosofía se traduce en su afirmación: “Cuando colecciono, realmente colecciono”. Entre sus adquisiciones más destacadas se encuentran un trabajo de Lucio Fontana y una edición fotográfica de Man Ray, a lo que Bottazzi añade que ha lamentado no haber adquirido en el pasado un famoso retrato de Yukio Mishima.
Con una perspectiva clara sobre el mercado del arte, critica la prisa que rodea los primeros días de las ferias de arte, prefiriendo visitar cuando la multitud se disipa, ya que considera que el verdadero valor del arte no debe ser dictado por la histeria colectiva. Para quienes visitan Hong Kong por primera vez, su recomendación es singular: “Ve al M+, y luego ve de nuevo”. Este museo, dice, es crucial para entender la dinámica cultural entre Oriente y Occidente en la ciudad.
A medida que la colección de Bottazzi continúa creciendo, su enfoque se mantiene firme: el arte es más que decoración; es una conexión viva que enriquece tanto a los coleccionistas como a los artistas.
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