El reconocido fotógrafo brasileño Sebastião Salgado falleció a los 81 años, dejando detrás un legado monumental. Su profunda conexión con España se evidencia no solo en las numerosas exposiciones que presentó, sino también en los galardones que recibió, como el Príncipe de Asturias de las Artes en 1998.
Durante su carrera, Salgado abogó incansablemente por la conservación del medio ambiente, centrando su atención en la Amazonía, un tema recurrente en sus palabras. A través de sus exploraciones en este vasto territorio, donde realizó 58 viajes, destacó la belleza y la riqueza natural de la zona, contrastadas con la devastación que ha amenazado a este ecosistema. En sus propias palabras, la Amazonía representa “el paraíso”, un lugar de inmensa biodiversidad que debe ser protegido para asegurar el futuro del planeta.
En 2014, presentó en Madrid la exposición “Génesis”, una recopilación de fotografías que capturó paisajes impresionantes y momentos únicos de la naturaleza. En esta muestra, Salgado reflejó su conexión íntima con el entorno, afirmando que “en Génesis, la cámara hizo possible que la naturaleza me hablara”. La exhibición estuvo diseñada para que el público se maravillara con la belleza natural, mientras recibía un mensaje claro sobre la necesidad urgente de conservación.
Casi diez años después, Salgado regresó a Madrid con su proyecto “Amazônia”, donde dedicó siete años a capturar la esencia de la selva tropical más grande del mundo, extendiéndose por nueve países de América del Sur. En esta obra, enfatizó que el 83% de la Amazonía aún no ha sido destruido y que es crucial conservarla. A través de fotografías, mostró las comunidades indígenas y la extraordinaria diversidad de especies de flora y fauna, al mismo tiempo que resaltó el impacto ambiental que tiene esta región en el resto del mundo.
La exposición fue curada por su esposa, Lélia Wanick Salgado, y abarcó aspectos como la majestuosidad de la selva desde el aire, las formaciones meteorológicas, y los ríos voladores que, proviniendo de la evapotranspiración de millones de árboles, influyen en el clima incluso en lugares tan distantes como España.
Salgado compartió su visión sobre lo que considera su legado fotográfico, destacando la influencia de su historia personal y cultural en su arte. Cada imagen, según él, está impregnada de su herencia, lo que lo lleva a una representación única de la realidad.
La invitación de Salgado resuena con fuerza: enamorarse de la Amazonía y hacerse eco de la necesidad de proteger este invaluable recurso; un llamado a la acción para combatir la destrucción y asegurar un futuro sostenible para las próximas generaciones. Su compromiso por la naturaleza y la memoria de sus travesías por la Amazonía quedarán grabados en la memoria colectiva, invitando a todos a reflexionar sobre el poder de la fotografía como vehículo de cambio.
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