#DinaBoluarte #Perú | Lima despertó con las protestas llamada la “Gran Marcha de los Cuatro Suyos” reunió de diversas organizaciones civiles de la sierra sur del país.
Por primera vez desde que estalló la convulsión social en diciembre pasado, se produciría una movilización multitudinaria desde las regiones hacia la capital. Y el Gobierno estaba preparado para ello, 11.800 policías desplazándose por su Centro Histórico.
Existía la gran incógnita de si los limeños se sumarían a las protestas, y ello sucedió hasta cierto punto. En la antesala, los estudiantes de las principales universidades públicas de Lima como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) le habían tendido la mano a los manifestantes, con refugio y donaciones. Algunos con la venia de sus autoridades, como la UNI, y otros en contra de ellas, como es el caso de San Marcos, quienes tomaron su campus por la fuerza. Ambas entidades fueron cercadas por los agentes policiales por la mañana, pero no se produjo ningún enfrentamiento.
La esperada marcha se convocó para las cuatro de la tarde en diversos puntos de la capital, ocasionando una desorganización que se extendió a lo largo de la jornada y que acabaría por pasarles la factura. La protesta no alcanzó su objetivo: no llegó a Palacio ni tampoco al Congreso. Por la tarde se produjo una gran represión en Abancay, una avenida estratégica pues va en dirección hacia la sede del Poder Legislativo. No hubo víctimas, pero sí algunos heridos. Hasta donde se sabe, ninguno por arma de fuego. A diferencia de las regiones de la sierra sur, en la capital la Policía no empleó armas letales. Claramente, el tratamiento para “controlar” las movilizaciones no fue el mismo.
Poco antes de las ocho, la Plaza San Martín del Centro de Lima la gente continuaba llegando en gran número. Y por fin se había envalentonado para dirigirse hacia el Congreso. Fue en ese preciso instante cuando una vieja casona de una de las esquinas de la plaza comenzó a arder. En medio de la confusión, la Policía recuperó terreno, cercando otra vez la plaza. A medida que el fuego consumía el inmueble, se consumió la marcha. Y los manifestantes acabaron por dispersarse. Se necesitaron más de cinco autobombas y tres cisternas de agua para controlar el incendio. Un grupo de vecinas, que no se identificaron, señalaron que el siniestro fue provocado por una bomba lacrimógena que cayó en la azotea, aunque el Gobierno lo negó más tarde.
Mientras las llamas del edificio teñían de rojo el cielo de Lima, la presidenta Dina Boluarte dio un mensaje a la nación, donde lejos de empatizar con un gran grupo de la ciudadanía que marchó en las calles, satanizó la protesta al remarcar que se trata de “unos malos ciudadanos que buscan quebrar el Estado de derecho, generar caos, desorden y tomar el poder”. Aseguró que “el Gobierno está firme y su gabinete más unido que nunca”.
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