A comienzos de 2020, el Whatsapp de Zulma Cucunubá se empezó a poblar de mensajes de amigos que conocían su trabajo: “¿Esto es un virus fabricado? ¿Nos vamos a morir? Me preguntaban cosas muy chistosas y yo les respondía, pero en un punto ya era desgastante”, recuerda Zulma, que es médica epidemióloga de enfermedades infecciosas y trabaja como investigadora del Imperial College London y del Departamento de Epidemiología de la Universidad Javeriana, en Colombia.
Como las noticias eran cada vez más alarmantes y las dudas se reproducían a la misma velocidad que la desinformación, Zulma encontró una forma de comunicar lo que sabía a todos a la vez: Twitter. En enero de 2020, dos meses antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase la pandemia, ella redactó un hilo de tuits explicativos sobre el origen y el rumbo de la covid-19, con emojis y enlaces a artículos que describían cómo la ciencia se desarrollaba en tiempo real.
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“Me tocó quitarle las notificaciones al celular porque eso explotó y creo que fue porque en Latinoamérica nadie, hasta ese punto, había escrito nada ni había hecho muchas declaraciones”, afirma. Estaba preocupada. Sabía que la región no estaba preparada para una pandemia, pero ella trabajaba horas recogiendo información para analizar y después cumplir con el trabajo de divulgación que había asumido. “Era muy raro ese rol de comunicar sin asustar, pero sin disminuir la importancia de lo que era eso”, cuenta. Al encontrarse en esa misma disyuntiva, la OMS solicitó a la comunidad científica entrar a las redes sociales y comenzar a informar.
“Varios grandes del Internet, como Twitter y Google, hicieron esa alianza con la OMS, para poner los contenidos oficiales de entidades de salud primero”, explica, “y en Twitter la opción fue certificar a los científicos, para que pesara más nuestra opinión que la de influencers. Nos volvimos voces autorizadas, si se quiere, en las redes”. En el trayecto, empezó a reflexionar sobre la importancia de una epidemiología más multidisciplinaria, pues, aunque trabaja con salud pública, matemáticas, inmunología, biología e ingeniería, hace falta, por ejemplo, involucrar a las ciencias sociales.
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“No me imagino a un epidemiólogo que no conozca, al menos, un poco de la comunicación”, enumera, “de economía para entender la sociedad en que se mueve y de antropología para entender cómo meter esa información dentro de los modelos matemáticos que hacemos”. Se trata de buscar más diversidad, dice, de ganar más aportes y más métodos, de “que entren más mujeres, más comunidades y minorías”.
Zulma cree que una de las claves para prepararse a futuro es empezar a educar en epidemiología desde el colegio, pues no deberían considerarse conocimientos reservados para la comunidad científica. Y también entrenar la resiliencia. “Para esta pandemia se necesitaron 15.000 Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs) y si para la otra se necesitan 40.000, ¿qué vamos a hacer? Esa resiliencia está dada por adaptarse y ser flexible. ¿Tener un backup qué significa? Tener más gente entrenada de la que al final se necesita. Yo resumiría que la preparación se basa en planear para ser resiliente”.
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