La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha lanzado un llamado urgente a las empresas de inteligencia artificial (IA) para que revelen detalles sobre su impacto medioambiental. Este requerimiento surge en un contexto donde el crecimiento desmedido de esta industria no solo incrementa el consumo de energía, sino que también plantea preocupaciones sobre el uso de recursos hídricos y la explotación de tierras.
En un informe titulado “Costo ambiental del consumo energético de la IA: huellas de carbono, agua y tierras”, divulgado el 3 de junio de 2026, la ONU destaca que la industria de la IA, cuyo valor global podría ascender de 189.000 millones de dólares en 2023 a 4,8 billones de dólares en 2033, podría generar una presión insostenible sobre las redes eléctricas y otros recursos. Kaveh Madani, director del Instituto Universitario de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, enfatiza que la falta de información sobre el impacto ambiental de esta tecnología es alarmante y reclama mayor transparencia de las empresas.
Solo en 2025, los centros de datos que soportan los sistemas de IA consumieron 448 teravatios-hora (TWh) de electricidad, una cifra que, si se tomara como el consumo de un país, lo ubicaría en el undécimo lugar a nivel mundial, justo detrás de Francia. Este consumo, según las proyecciones de la ONU, alcanzará aproximadamente 945 TWh para 2030, generando unas 399 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) asociadas a su uso.
El informe también señala que el consumo de agua podría alcanzar los 9,3 billones de litros para 2030, un volumen que satisface las necesidades anuales de agua de toda la población del África subsahariana. Las proyecciones indican que la extensión de los centros de datos podría superar en más de 18 veces el tamaño de la ciudad de Nueva York, reflejando la magnitud del desafío que representa esta expansión.
Un aspecto notable abordado por el estudio es la naturaleza desigual de los costos ambientales. Si bien la mayoría de los centros de datos se concentran en EE.UU., China y la Unión Europea, las repercusiones derivadas, como la extracción de minerales, afectan de manera desproporcionada a los países en desarrollo.
A pesar de los retos, el informe no tiene como objetivo cuestionar la utilidad de la inteligencia artificial. Como indica Madani, la intención es resaltar la necesidad de supervisar de manera proactiva los impactos de la tecnología para poder mitigarlos eficientemente.
Entre las recomendaciones se sugiere que las empresas mejoren la visibilidad de su huella energética y ambiental, y que los gobiernos incorporen la creciente demanda de IA en sus planes energéticos. Se alienta también a los usuarios a evitar herramientas de IA para tareas que pueden resolverse mediante métodos tradicionales, dado que el uso de IA puede ser hasta diez veces más contaminante, como es el caso de las búsquedas en internet asistidas por IA.
De cara al futuro, se convierte en un desafío colectivo, tanto para empresas como para gobiernos, encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la responsabilidad ambiental. Las decisiones que se tomen ahora tendrán un impacto significativo en el camino de la inteligencia artificial hacia un desarrollo sostenible, una meta que, sin duda, exigirá un esfuerzo conjunto y consciente.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


