El debate sobre la regulación de las armas autónomas ha cobrado una relevancia crítica en el escenario internacional, con llamados urgentes para establecer un tratado que limite su uso. António Guterres, secretario general de la ONU, y Mirjana Spoljaric, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), han enfatizado la necesidad de avanzar hacia un acuerdo legalmente vinculante antes de la séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, que se celebrará en noviembre en Ginebra.
En su declaración conjunta, Guterres y Spoljaric advirtieron de que “estamos peligrosamente cerca de cruzar una línea roja moral”, refiriéndose a la posibilidad de que máquinas autónomas tomen decisiones fatales sobre seres humanos. Este llamamiento de urgencia surge tres años después de un primer pedido en 2023 para prohibir estos sistemas antes de 2026, un plazo que está por vencerse sin que existan aún disposiciones específicas al respecto. Desde entonces, han señalado un desajuste creciente entre la rápida innovación militar y la capacidad de los Estados para regularla, lo que genera inquietud entre expertos y defensores de los derechos humanos.
Las armas autónomas, definidas como sistemas capaces de seleccionar y atacar objetivos mediante inteligencia artificial sin intervención humana, se diferencian de los drones teledirigidos, que aún requieren el control de un operador. El primer ataque documentado de una máquina autónoma ocurrió en marzo de 2020, cuando un panel de la ONU señaló que drones turcos Kargu-2 habían perseguido y atacado a combatientes en Libia sin conexión entre el operador y el ataque, aunque el fabricante ha negado públicamente esa capacidad.
A lo largo de los años, los conflictos, y en particular la guerra en Ucrania, han demostrado que la autonomía en el campo de batalla se está normalizando. Investigadores ucranianos informaron que un dron ruso causó la muerte de tres civiles en Zaporizhzhia a finales de agosto, lo que marca un precedente inquietante para el uso de sistemas que pueden seleccionar objetivos de manera autónoma. Según el Ministerio de Defensa de Ucrania, el país ya opera más de setenta sistemas de inteligencia artificial, desarrollados por aproximadamente 200 empresas.
La coalición Stop Killer Robots, que incluye a 270 organizaciones no gubernamentales de más de 70 países, ha estado reclamando durante más de una década la prohibición de estos sistemas. Human Rights Watch ha documentado que el abaratamiento de la producción facilita la integración de tecnologías autónomas en arsenales existentes.
A pesar de la creciente presión internacional para regular estos sistemas, Estados Unidos y Rusia han dificultado las negociaciones sobre restricciones vinculantes en la Convención. Washington sostiene que el derecho internacional humanitario actual es suficiente para regular el uso de la fuerza, prefiriendo un enfoque gradual que no limite su inversión en inteligencia artificial militar ante la rápida evolución de China y Rusia en este ámbito.
El número de países dispuestos a negociar un acuerdo vinculante ha ascendido de 42 en septiembre de 2025 a 70 en marzo de 2026. Sin embargo, este conteo no incluye a las principales potencias que tienen programas activos de armamento autónomo. En años anteriores, se han adoptado principios no vinculantes que reafirman el derecho internacional humanitario, pero Guterres y Spoljaric advierten que estos son insuficientes ante la agilidad con que se despliegan estas tecnologías.
Ambos líderes insisten en que la falta de un marco regulatorio específico no solo complica la toma de decisiones sobre el uso de la fuerza, sino también la rendición de cuentas tras un ataque. Sin criterios claros sobre la supervisión humana adecuada, se vuelve cada vez más difícil determinar la responsabilidad en caso de errores, lo que a su vez erosiona las protecciones que el derecho internacional humanitario debe garantizar a la población civil.
La reunión en Ginebra no solo reunirá a 180 países, sino que representará un momento crítico en el que la necesidad de limitar el uso de tecnología autónoma en conflictos ya no depende de la preparación técnica, sino de la voluntad política de las naciones más poderosas.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

