La última obra cinematográfica de Lucy Raven, Murderers Bar, se adentra en el fascinante proceso de eliminación de una represa en el Pacífico Noroeste. Este film de 42 minutos, parte de la trilogía titulada “The Drumfire”, explora la liberación dramática de agua que da origen a un nuevo río, fluyendo desde Oregón hasta el océano Pacífico. Junto a Ready Mix (2021), que medita sobre la producción de concreto en Idaho, y Demolition of a Wall (2022), centrada en los shockwaves en un campo de pruebas en Nuevo México, Murderers Bar se presenta como una profunda reflexión sobre la relación entre la infraestructura, el medio ambiente y el cambio.
El film se puede ver actualmente en el Power Plant de Toronto hasta el 22 de marzo, antes de trasladarse al Instituto de Arte Contemporáneo de Boston el 20 de mayo. Raven comentó que el inicio de su trabajo sobre “The Drumfire” provino de su interés en las dinámicas de fluidos y el papel fundamental del agua en la configuración del oeste de los Estados Unidos. A pesar de haber perdido de vista esa idea en Ready Mix, la influencia del agua nunca desapareció por completo.
La artista se interesó particularmente en la remoción de represas, un fenómeno poco común. Al descubrir imágenes de represas desactivadas, Raven se enamoró de la idea de centrar su tercer trabajo en la eliminación de una represa a lo largo del río Klamath, un proyecto que representaría la mayor remoción de represas de la historia.
En su proceso de investigación, Raven se dio cuenta de que la complejidad de este trabajo iba más allá de simplemente desmantelar una estructura. Era necesario desarrollar una infraestructura adicional para permitir el acceso de maquinaria pesada a zonas remotas. La reflexión que surgió durante su conversación con la curadora Candice Hopkins resonó con fuerza: “No hay un término específico para la destrucción de infraestructura”. Esta idea provocó en ella la urgencia de encontrar un lenguaje que articulase el acto de desmantelar, el cual está a menudo eclipsado por el enfoque en la construcción.
Raven abordó el film desde múltiples escalas y perspectivas, combinando tomas cerradas con vistas amplias, en un intento de capturar la complejidad del evento. La filmación del río implicó también un enfoque innovador: liberó al dron de la estabilización automática habitual, lo que le permitió experimentar con la inclinación del horizonte durante los planos, creando un efecto visual que recuerda al cine clásico.
El momento culminante del film, que capta la dramática liberación del agua, fue inicialmente impredecible. La imagen del río surgiendo con fuerza desde la represa llevó a Raven a contemplar sus similitudes con el nacimiento de un ser vivo, un aspecto que ella describió como impactante.
En un análisis más amplio, Raven también relaciona Murderers Bar con las dinámicas de ciertos filmes icónicos, entre ellos Mad Max: Fury Road y The Shining, revelando cómo sus estructuras narrativas pueden resonar en su obra. Reflexionó sobre cómo la experiencia del espectador puede convertirse en una especie de persecución, donde el agua se convierte en un protagonista inusual pero envolvente.
La obra, por tanto, no solo es un documento visual sobre un evento ecológico, sino también una exploración de conceptos más profundos sobre control, destrucción y renacimiento en la naturaleza. Con la expectativa de que Murderers Bar siga inspirando conversaciones sobre el impacto humano en el medio ambiente, se destaca la relevancia de su mensaje en el contexto actual.
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