Mohammed se aleja de la que ha sido su casa durante los últimos tres meses. Arrastra una maleta de mano cuyas ruedas dejaron de girar hace tiempo y no tiene claro hacia dónde dirigir sus pasos, pero seguramente le echarán una mano sus compatriotas, cuenta. Nacido en Guinea Conakry hace 20 años, llegó a España a través de la frontera con Marruecos hace tres. A principios de verano se trasladó de Salamanca a Madrid, donde le aseguraron que podría arreglar sus papeles y se instaló en La Quimera, uno de los mayores edificios ocupados del centro de Madrid, en el barrio de Lavapiés. Este miércoles, cuando aún no había salido el sol, lo han desalojado junto a unas 70 personas del inmueble, cuya ocupación era fuente de constantes quejas de las asociaciones vecinales. Mohammed lleva en su mano un papel que le ha facilitado la Policía Municipal en el que le indican la sede más cercana de los servicios sociales.
La Quimera es un edificio de propiedad privada. Según explican fuentes policiales, pertenece a dos hermanos, un hombre y una mujer, muy ancianos. La mujer falleció hace unos meses y el ya único dueño interpuso la denuncia, un paso imprescindible para iniciar el proceso judicial que ha desembocado en el desalojo. El auto llegó el martes por la tarde y el dispositivo se preparó en cuestión de horas.
Durante años, el inmueble estuvo ocupado por colectivos del barrio que organizaban actividades de tipo social y cultural, algo que fue bien acogido por los residentes. Desde uno de sus balcones llegó a darse el pregón de las fiestas del barrio. Pero después de la pandemia cambiaron las tornas y pasó a estar ocupado por otro tipo de habitantes. “Desde hace seis meses habíamos detectado que vivían en él traficantes. Era un gran hostel (hostal) de la delincuencia”, ha apuntado el comisario del distrito Centro, Alberto Carba.
DAVID EXPÓSITO
Este cambio de tornas había despertado las airadas quejas vecinales. Durante una reunión del jefe superior de Policía, Manuel Soto, y la delegada de Gobierno, Mercedes González, con las asociaciones vecinales hace unos meses, la situación de la Quimera ocupó un gran porcentaje del tiempo. “Esta situación había producido una gran degradación en la zona y no podíamos permitirnos que afectara a seguridad ciudadana”, ha indicado Carba. “Las denuncias de vecinos y comerciantes eran constantes y se exigía una presencia policial permanente en la plaza”, ha añadido el comisario de la Policía Municipal, Francisco Caletrio. En el operativo han participado 200 agentes de la Policía Nacional y 80 de la municipal. El desalojo se ha producido sin incidentes ni resistencia por parte de los ocupantes. Los agentes se han desplegado tanto en esa plaza como en las calles adyacentes y los accesos han permanecido cerrados varias horas.
En el interior del inmueble se han encontrado restos de consumo de heroína y metanfetamina y los agentes han detenido a seis personas, tres por motivos de extranjería y los otros tres acusados de otros delitos que la policía no ha especificado. Los ocupantes se dividían en las diferentes estancias, en malas condiciones de salubridad y con un montón de colchones tirados por el suelo. El propietario del edificio contratará desde ahora seguridad privada, según ha detallado el comisario Carba.
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Por las noches, es habitual ver en esta plaza el menudeo de droga. Algunos drogodependientes habituales deambulan durante horas por el área y en ocasiones se producían peleas, como han denunciado en reiteradas ocasiones los vecinos y ha tenido oportunidad de ver este periódico varios días. Desde antes de verano, un coche de la Policía Municipal permanecía fijo en la plaza y las patrullas de la Policía Nacional la recorrían cada hora.
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