La familia real está en el foco de atención de todos, no es algo nuevo ni tampoco es nuevo los rumores de que los hermanos llevan una relación mala con sentimientos de celos y envidias. En esta ocasión se rumora que existen disgusto sobre el documental que Enrique y Meghan han grabado y que se ha emitido a nivel mundial con cerca de 90 millones de personas que ya lo han visto. Rencor, celos, rivalidad, reproches… la serie muestra la verdad de los sentimientos de la pareja y desvela algo que se sabía, pero no con tanta crudeza: los celos de Enrique hacia su hermano mayor Guillermo.
“La rivalidad entre hermanos es un proceso natural”
Lucía Torres, psicóloga y psiquiatra y experta en adolescencia. Según expone la experta, esta proporciona un escenario en el que el niño comienza a ensayar cómo se va a desenvolver en el mundo y qué lugar va a ocupar en el mismo: “Las relaciones de la adolescencia se empiezan a gestar en la infancia y, depende de cómo se haya elaborado ese proceso (o negado, juzgado o reprimido) dependerá el tipo de relación que el adolescente mantenga, no solo con su hermano, sino incluso con muchos de sus iguales”.
El primogénito sentirá celos y hostilidad hacia el bebé recién llegado, aunque en ocasiones no lo manifieste. “Son sentimientos normales que el niño podrá integrar si en su entorno se le da a entender que son sentimientos permitidos. Es posible que el hijo mayor se plantee por qué sus papás han querido traer a otro hijo con preguntas como: ¿Es que yo no les era suficiente como hijo?, o que aparezca el temor a que el nuevo miembro de la familia llegue a ocupar un lugar más relevante que el suyo”, explica Torres. Según la experta, estos sentimientos coexisten con la expectación, la curiosidad, el afecto y el cariño hacia el nuevo hermanito, y esta mezcla de sentimientos es lo que convierte la relación entre hermanos en un espacio privilegiado para crecer y madurar como persona: “Además, en el caso de Guillermo y Enrique de Inglaterra existe una rivalidad innata entre ellos porque uno es el heredero al trono y para eso es educado y preparado y el otro es el eterno suplente por si el primero falla”.
¿Y cómo consiguen los padres transmitir el mensaje de que los celos son sentimientos permitidos?
Para la experta en psicología, ante preguntas tan frecuentes de los niños como: “¿Podemos devolver a la hermanita al hospital?”; lo mejor es: “Hay que dar respuestas reales como, por ejemplo, que no la podemos devolver porque la queremos tanto como a él y que a él no le dejaríamos allí tampoco. En vez de recriminarle, diciéndole cosas como: ‘cómo puedes decir eso o eso no se puede ni pensar’. La verdad les da a entender que se puede hablar del proceso interno que están librando y que son tan queridos como sus iguales”.
Nunca faltan razones para observar celosamente las relaciones de los padres con los hermanos, no importa el lugar que se ocupe en la fratría. “En el caso de los primogénitos está el temor a que los progenitores quieran más al pequeño porque es el que más protección necesita. Y el pequeño teme que los padres quieran más al mayor porque es el que demuestra más destreza en todo”, explica Mercedes Gil, pedagoga y directora del colegio British Montessori. Cuando el niño entre en la adolescencia y se vuelva a encontrar en un escenario de cambio e incertidumbre con respecto a su lugar en la sociedad, los celos e inseguridades pueden repuntar de nuevo hacia sus iguales. Sin embargo, “si el adolescente es capaz de entender que son emociones lícitas y que se pueden elaborar sin actuar dañinamente, logrará resolver esta etapa con la seguridad de que no necesita serlo “todo” (ni lo es) para tener un lugar único en el mundo”, añade la directora.
“Cuando falleció Lady Di, sus hijos Enrique y Guillermo tenían 12 y 15 años respectivamente. Ambos tienen todos los elementos que favorecen la rivalidad entre hermanos: son del mismo sexo, se llevan menos de cinco años, y viven en un ambiente familiar donde la competitividad es un valor (comenzando por la línea de sucesión a la Corona). En las familias reales, los príncipes destronados lo son literalmente”, argumenta Gil.
Desde un punto de vista evolutivo, los celos entre hermanos son de lo más normal. “Cuando nace un hermano, instintivamente se inicia una lucha por los recursos y la atención, una competición por lo que la rivalidad y las peleas entre ellos serán inevitables, siendo parte del proceso de desarrollo”, explica Gil. Para la experta, el objetivo de padres y madres es ver como se puede hacer esta situación manejable: “Si poseen las herramientas para gestionarlo, recomendaría ir a un especialista, para así evitar conflictos que, si se enquistan en la infancia, pueden anticipar una adolescencia horrenda y luchas de adultos como en el caso de la familia real británica”.
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