La temporada de ofertas de verano ha comenzado, y con ella, proliferan los mensajes incisivos en escaparates y plataformas digitales: “Descuento del 50% más MSI” o “¡aprovecha antes de que se acabe!”. Estas estrategias han sido diseñadas para evocar una sensación de urgencia en los consumidores, impulsándolos a actuar con rapidez ante lo que parece ser una oportunidad única.
Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de técnicas psicológicas bien estudiadas. Como lo explica la economista conductual Zulema Andrade, las promociones alteran la manera en que los consumidores evalúan el valor de un producto. Cuando un artículo, que antes costaba 1,200 pesos, pasa a tener un nuevo precio de 500, la atención se desvía del costo actual hacia el ahorro aparente de 700 pesos. Este es el “efecto anclaje”, que posiciona el precio original como el estándar para medir nuestra percepción de una compra.
Adicionalmente, la aversión a la pérdida juega un papel crucial en este comportamiento. Los consumidores tienden a experimentar una sensación de malestar mucho más intensa al dejar pasar una oferta que la satisfacción que podrían sentir al evitar un gasto. Tal dinámica puede llevar a la compra de productos innecesarios, simplemente por no querer perder la oportunidad de un descuento.
Pablo Pérez Akaki, profesor en el Tecnológico de Monterrey, apunta que las promociones están diseñadas para activar nuestra debilidad al gastar. Este impulso a menudo se ve alimentado por la “utilidad de transacción”, donde la satisfacción proviene no solo de adquirir un producto, sino de la percepción de haber logrado un excelente trato. Sin embargo, este enfoque puede resultar en gastos que se ocultan tras la ilusión de un ahorro.
Las promociones de “2×1” o “lleva uno y el segundo va gratis” son igualmente intrigantes. Zulema Andrade destaca que la palabra “gratis” tiene un impacto desproporcionado en las decisiones de compra, desarmando nuestra capacidad crítica para evaluar si realmente necesitamos el artículo. Esto puede resultar en productos que, aunque adquiridos como una “oferta”, terminan olvidados en un rincón de la casa.
No obstante, comprar durante liquidaciones puede ser una decisión favorable, siempre que se realice con un presupuesto bien estructurado. Según Pérez Akaki, es fundamental contar con un monto destinado para compras indulgentes, después de cubrir las necesidades esenciales. Cuando se planifica de esta forma, el descuento se convierte en un ahorro genuino.
En el contexto actual, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), las principales motivaciones para comprar entre julio y septiembre de 2026 son los descuentos reales y las promociones específicas. Durante la campaña de Hot Fashion, que se enfoca en moda, belleza y cuidado personal, se estima que el 65% de los gastos planificados se ubicarán entre 1,000 y 5,999 pesos, con los segmentos de moda y belleza liderando en intención de compra.
Con tantas ofertas a la vista, es vital que los consumidores establezcan límites claros sobre sus gastos para no comprometer sus obligaciones financieras. Así, podrán disfrutar de los beneficios de las rebajas sin caer en la trampa de adquirir más de lo necesario. Al final, aprovechar prudentemente las temporadas de descuentos y liquidaciones puede ser una estrategia inteligente y beneficiosa.
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