En un análisis reciente, se ha destacado una fortaleza significativa de la economía mexicana: a pesar de los elevados déficits fiscales, el crecimiento del ahorro manejado por inversionistas institucionales, especialmente el sistema de pensiones, permite financiar una parte creciente de la deuda pública interna. Sin embargo, esto plantea una pregunta crítica: ¿puede considerarse sostenible el financiamiento de un déficit?
Para entender esta problemática, es esencial considerar dos variables clave: r, que representa la tasa de interés real que el gobierno paga por su deuda, y g, que es la tasa de crecimiento real de la economía. Cuando r excede de manera constante a g, estabilizar la deuda se vuelve complicado, ya que los intereses suelen crecer a un ritmo más veloz que los ingresos generados por la economía. Este escenario es precisamente el que enfrenta México, en un contexto caracterizado por un crecimiento bajo y altos costos financieros, con una tasa de referencia del Banco de México fijada en 6.5%.
Un aspecto positivo es el ahorro interno. Datos del INEGI indican que durante el segundo trimestre de 2026, el ahorro bruto alcanzó 7.48 billones de pesos, equivalente al 19.9% del PIB. Curiosamente, el ahorro generado internamente fue aún mayor, alcanzando un 21.6% del PIB, mientras que la contribución del resto del mundo resultó negativa con un 1.7%. Esto no implica que México se haya convertido en un exportador de capital, como es el caso de Alemania o Japón, sino que, en ese trimestre, el ahorro interno fue suficiente para soportar la inversión nacional, generándose un financiamiento externo neto negativo.
Esta situación revela la existencia de una base sólida de recursos internos. No obstante, no significa que esos recursos sean ilimitados, ni que necesariamente estén siendo asignados a los sectores de mayor productividad. Un ejemplo notable de esto son las pensiones. Hasta agosto de 2026, los activos netos administrados por las Siefores superaron los 9 billones de pesos, con un 51.7% de su cartera invertida en valores gubernamentales. Aunque el gobierno no toma este dinero directamente de las Afores, las Siefores adquieren Cetes, Bonos y otros instrumentos, proporcionando financiamiento al sector público.
Es fundamental destacar la magnitud del ahorro interno, ya que las Siefores se han convertido en uno de los principales tenedores de valores gubernamentales. La reforma de pensiones de 2020, que aumentará gradualmente las aportaciones patronales hasta 2030, garantiza que el ahorro administrado por este sistema continuará creciendo. Esto aminora la dependencia del financiamiento externo y la vulnerabilidad ante salidas abruptas de capital, un aspecto que no debe ser subestimado.
No obstante, se debe tener cuidado de no confundir la capacidad de financiamiento con la sostenibilidad fiscal. Los recursos de las Siefores pertenecen a los trabajadores y deben ser invertidos buscando la mejor combinación de rendimiento y riesgo. Una creciente demanda de deuda pública puede facilitar el financiamiento del déficit, reduciendo el riesgo de crisis externas. Pero si el gobierno absorbe una mayor proporción del ahorro disponible, se incrementa el riesgo de desplazar recursos que podrían haberse invertido en empresas, infraestructura, vivienda e inversión productiva. Es esencial reconocer que, aunque no sucede de forma automática, este costo de oportunidad es real.
Así se presenta una paradoja en la economía mexicana: puede existir suficiente ahorro interno para refinanciar la deuda a largo plazo, mientras se mantiene una trayectoria fiscal cada vez más frágil. Aunque el ahorro doméstico reduce el riesgo de crisis de financiamiento, no soluciona el dilema fiscal: encontrar compradores para la deuda no garantiza los recursos necesarios para pagar intereses y amortizaciones.
Por lo tanto, la cuestión no es si México puede continuar emitiendo bonos; probablemente así será. La verdadera pregunta es: ¿a qué costo y durante cuánto tiempo, si la economía crece por debajo del costo real de su deuda? Si bien el ahorro interno puede proporcionar tiempo, no puede generar crecimiento ni sustituir indefinidamente la necesidad de una corrección fiscal.
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