El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, y varios ministros de Cambio Climático y Medio Ambiente de los países miembros —entre ellos, la vicepresidenta española Teresa Ribera— han salido este sábado en tropel a advertir del riesgo de que de esta conferencia salga una declaración en la que, lejos de avanzar en la lucha contra el calentamiento global, se retroceda. “Es mejor no tener una decisión que tener una mala decisión”, ha dicho Timmermans, que incluso ha dejado la puerta abierta a que la UE se marche de la cita.
La cumbre debería haber terminado ayer viernes, pero las negociaciones se prolongarán durante este sábado. Y algunos textos que ha ido mostrando la presidencia de la cumbre, en manos de Egipto como país anfitrión, han inquietado al club comunitario, cuyos representantes han decidido lanzar esta advertencia por la mañana temprano. “Estamos preocupados por algunas de las cosas que hemos visto y escuchado”, ha reconocido Timmermans, quien también se ha mostrado esperanzado de que finalmente se consiga cerrar un acuerdo que ponga el punto final a esta complicada cumbre.
Fuentes conocedoras de esos documentos que ha mostrado la presidencia egipcia, que no se han hecho públicos todavía, explican que algunas de las decisiones que se incluyen supondrían dar por muerto el objetivo de que el calentamiento global no supere los 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. En estos momentos estamos en los 1,1 grados, y los planes de recorte que tienen sobre la mesa todos los firmantes del Acuerdo de París llevarían a un calentamiento de unos 2,5 grados, en el mejor de los casos. Por eso hace falta que se endurezcan los planes nacionales. En la cumbre del año pasado, celebrada en Glasgow, se hizo un llamamiento para que las naciones reforzaran esas hojas de ruta en cualquier momento, cada año si fuera necesario.
Finalmente, la presidencia de la COP, ha difundido un borrador de la declaración final de la cumbre a las 13.00 en el que no se hace referencia a la eliminación progresiva de todos los combustibles fósiles, solo se menciona al carbón, y no se menciona que las emisiones mundiales deben alcanzar su tope en 2025 para mantener vivo el objetivo de los 1,5 grados, como reclamaba Europa.
“Todos los ministros están dispuestos a marcharse si no conseguimos un buen resultado”, había asegurado Timmermans antes de que se conociera este borrador. Por su parte, la vicepresidenta española Teresa Ribera ha advertido de que la “UE no puede aceptar, y considera un ridículo”, que se salga de esta conferencia dando un paso atrás con respecto a lo que se acordó el año pasado en Glasgow. Preguntado por las críticas de Europa, el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Sameh Shoukry, que ostenta la presidencia de la COP27, ha asegurado que su propuesta sí mantiene viva la meta del 1,5 grados. En el borrador se menciona el objetivo del Acuerdo de París, que efectivamente persigue que el incremento de la temperatura se quede por debajo de los dos grados y se hagan esfuerzos para que no supere los 1,5.
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Mayor compromiso
Para que la meta de los 1,5 se mantenga viva, como dice Shoukry, la ciencia ha dejado claro que hacen falta varias cosas. Por ejemplo, que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, que siguen creciendo año a año, alcancen su techo en 2025 para luego caer drásticamente. En 2030, deberían haberse reducido un 45% respecto a las de 2010. Pero los planes actuales llevan ahora a un descenso de entre el 5% y el 10%.
Por eso se necesita que se aceleren los recortes y que los países se comprometan más. Tanto EE UU como la UE defienden que sus programas nacionales sí están alineados con ese recorte del 45%. Por eso, cuando se habla de aumentar la ambición se mira habitualmente a China, que ahora es la nación que más gases expulsa en el mundo. Este país tiene como objetivo alcanzar el pico de sus emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, antes de 2030 y a partir de ahí reducirlas, algo bastante menos ambicioso que lo que prevén los estadounidenses y los miembros del club comunitario.
Pero China, como otros países emergentes, defiende que en el cambio climático hay responsabilidades “comunes pero diferenciadas”, y que los países desarrollados —básicamente, los miembros de la OCDE— deben hacer mayores esfuerzos en todos los sentidos. Columna Digital asiático sustenta esta argumentación en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de 1992, que es el paraguas legal bajo el que se celebran estas cumbres.
Ese acuerdo, efectivamente, dividía el mundo en dos bloques: los países desarrollados —que deben hacer más esfuerzos, por ser los responsables históricos del cambio climático― y el resto. El problema es que 30 años después el mundo ha cambiado y el debate ya no está tanto entre países desarrollados y en desarrollo, sino entre grandes emisores y el resto, explica la vicepresidenta Ribera. Y, entre los cuatro primeros del mundo, dos pertenecen al antiguo bloque de desarrollados (EE UU y la UE) y otros dos se quedan fuera de esta consideración y no se sienten concernidos a ser más ambiciosos (China y la India).
Esta misma distinción está en el centro del debate cuando se habla de la creación de un fondo de pérdidas y daños que ocasiona y ocasionará el cambio climático, otro de los asuntos que mantienen bloqueada la negociación en esta cumbre. Tras la presión de la mayoría de los países contra los miembros de la OCDE, la UE se ha abierto a la creación de ese fondo, algo que rechazaba hasta el jueves. Eso sí, pide que no solo sea dotado por los países desarrollados, sino que también ayuden otros países, en referencia de nuevo a China, y organismos económicos de distinto tipo.
Además, la UE quiere que solo puedan acceder los países considerados muy vulnerables ante el cambio climático, y no todos los que no están dentro de la antigua categoría de en vías de desarrollo. Exige, además, que este fondo vaya acompañado de una declaración de cierre de la cumbre ambiciosa en cuanto al recorte de las emisiones —estableciendo ese pico de emisiones mundiales para 2025— y que se mantenga viva la meta de los 1,5 grados.
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