El martes por la noche el alto representante para la Política Exterior de la UE aterrizó en Jarkov, al este de Ucrania, y este miércoles visitará con el ministro de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleva, la zona de conflicto, donde todavía son habituales los intercambios de disparos entre los separatistas prorrusos y los militares ucranios.
Es la primera vez que el jefe de la diplomacia europea se acerca a esa línea del frente y la estancia en el país durará tres días, larga para los códigos habituales en este tipo de viajes. “Si se quiere ir hacia una conferencia sobre seguridad en Europa hay que ampliar el número de actores [no solo EE UU y Rusia] y los temas a tratar [no solo los que interesan a Moscú]”, ha apuntado el alto representante en conversación con este diario.
La visita llega justo después del descanso navideño
Llegó tras un Consejo Europeo en el que los jefes de Estado y Gobierno de los países miembros de la UE lanzaron una contundente amenaza a Rusia: habrá sanciones “enormes” si invade Ucrania, algo que se teme tras saberse que Putin ha desplegados 110.000 soldados en la frontera. Antes de tomar el avión a Ucrania, el Alto Representante ha mantenido una conversación con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, para hablar de “la concentración de tropas rusas en la frontera con Ucrania y los dos proyectos de tratados sobre garantías de seguridad dirigidos por Rusia a los Estados Unidos y a los miembros de la Alianza Atlántica”, según un comunicado emitido por el Servicio Europeo de Acción Exterior. El objetivo es mostrar que la Unión Europea rechaza la solución bilateral que quiere Vladímir Putin.
La Unión Europea choca con el Kremlin
Donde no tienen ningún problema en reconocer que ellos solo plantean “negociaciones bilaterales con Estados Unidos”, como antes de que cayera el Muro de Berlín y las dos grandes potencias se repartían las áreas de influencia con los demás como convidados de piedra. “Si invitamos a otros países a las conversaciones, ahogaremos todo esto con el debate y la palabrería”, ha llegado a declarar el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov. Tanto es así que fuentes comunitarias admiten que Moscú ni siquiera ha enviado a Bruselas sus propuestas.
En la capital comunitaria se confía en la Administración Biden para no quedarse fuera. “Los estadounidenses parecen entender que la seguridad de Europa es algo que concierne a los europeos”, señalan fuentes diplomáticas. Y así lo han expresado públicamente en la Casa Blanca. Esto empezará a atisbarse el próximo 10 de enero, cuando representantes de ambas potencias -Estados Unidos y Rusia- se verán frente a frente en Ginebra para abordar el estado de sus espinosas relaciones y cómo limar diferencias. En el orden del día tendrá un lugar destacado Ucrania. Estas conversaciones serán completadas con otras en el Consejo Rusia-OTAN y en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), organismo que actúa de mediador en Ucrania.
Oficialmente el objetivo del viaje de Borrell
Es “mostrar solidaridad con Ucrania en un momento difícil”, señalan en su gabinete. Aunque puede que, como le sucedió el pasado agosto a la excanciller alemana Angela Merkel, el alto representante tenga que escuchar algún reproche de Kiev. “Europa y Alemania nos apoyan, pero necesitamos algo concreto y sabemos cómo podrían ayudarnos”, apuntó el presidente Volodimir Zelenski entonces, en referencia a un petición de suministro de armas. Esa quejas pueden quedar mitigadas por el hecho de que la Unión Europea ha aprobado recientemente una financiación de 31 millones de euros destinados a las fuerzas armadas ucranianas y a prevenir ciberataques.
Precisamente en esa línea de apoyo económico a antiguas exrepúblicas soviéticas, este martes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen ha anunciado un paquete de ayudas por 150 millones para Moldavia “que estabilizará la economía del país, le pondrá en el camino de la recuperación y será acompañado de las reformas necesarias”. Moldavia también tiene una región separatista en Transdniéster, que se autoproclamó independiente en 1990 y que tiene presencia militar rusa.
La línea de contacto que visita Borrell es escenario de guerra
Allí se suceden aún intercambios de disparos continuos y noticias ocasionales de víctimas en un conflicto que se ha cobrado más de 13.000 vidas. La mayoría de los pasos permanecen cerrados, incluso para los observadores de la OSCE, que solo el pasado 30 de diciembre registró 11 violaciones del alto el fuego pese a ser vísperas de año nuevo.
“La Unión Europea colectivamente ha estado ausente hasta ahora en esta crisis”, apunta Paul Taylor, investigador especializado en asuntos de Seguridad y Defensa del think tank Friends of Europe. Para él, este viaje y la contundente advertencia contra Rusia que lanzó el Consejo Europeo de diciembre son un primer paso para torcer la voluntad de Moscú. “Bruselas podría hacer más”, sugiere, apuntando hacia una estrategia clara en la zona del Mar Negro, “la zona más inestable próxima a Europa”.
Aunque un elemento importante para poder resolver esta cuestión también es que Los Veintisiete compartan una misma visión sobre el problema. Fuentes diplomáticas apuntan que en los países bálticos ha sentado muy mal que Biden haya aceptado hablar de Ucrania con Putin. También puede ser clave la posición alemana y será importante conocer la posición del nuevo canciller germano, Olaf Scholz, que, según ha publicado la prensa germana, planea visitar Moscú a finales de enero para buscar “un nuevo inicio” en sus relaciones con el Kremlin y los enfoques sobre el suministro de gas y Ucrania.
La construcción de Nord Stream 2
Que conecta directamente Rusia con Alemania sorteando al resto de Europa, es un quebradero de cabeza diplomático para Bruselas en el que Washington también ha jugado un papel importante al amenazar estos años con imponer sanciones a los socios europeos. Ucrania, Polonia y otros países denuncian que el Kremlin puede chantajearles ahora que el gas no pasa por su territorio. Por su parte, Putin anunció a finales de diciembre que las tuberías ya están listas para bombear y abaratar así la factura de la luz a Europa.
Sin embargo, todavía falta la certificación europea de la obra, que podría ver su suministro reducido a la mitad si el monopolio estatal ruso Gazprom no cede el control del gasoducto a terceros. Y en este conflicto económico, Estados Unidos desistió el pasado verano de imponer sanciones contra el proyecto ruso-germano si Berlín se compromete a sancionar a Moscú en caso de usar el gasoducto como chantaje.
Otra de las cuestiones clave es el llamado Cuarteto de Normandía, establecido en 2014 para poner fin a la guerra de Ucrania con la participación de este país, Rusia, Francia y Alemania. Su último acuerdo de paz, el pacto de Minsk de febrero de 2015, no ha logrado solucionar el conflicto casi siete años después pese a la mediación europea y tanto Kiev como Moscú se acusan mutuamente de boicotearlo. Por ello, la posible incorporación de Washington al formato ha sido una idea recurrente.
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