Un destacable museo especializado de los Países Bajos ha sido víctima de un audaz robo que ha dejado a su personal devastado. A las 4:30 de la mañana del miércoles, dos hombres lograron forzar la entrada al Museo del Plata de Doesburg, ubicado en la histórica iglesia Martini, datada del siglo XIII, en la ciudad de Groningen. Los ladrones, captados por las cámaras de seguridad, se valieron de una palanca para abrir una puerta y posteriormente destrozaron vitrinas, llevándose más de 300 piezas de valiosa platería, cuyo valor se estima en decenas de miles de euros.
Entre los objetos robados se encontraba una singular colección de potes de mostaza, que había sido reunida por el fundador del museo, Martin de Kleijn. Según Ernst Boesveld, presidente del museo inaugurado en 2021, no se trata solo de un robo económico. “El precio de la plata es alto, pero para nosotros es mucho más que eso. Se trata de las historias detrás de cada pote de mostaza, es historia y patrimonio cultural. Estamos enormemente decepcionados y enojados”, expuso a la prensa.
La colección en cuestión abarca artículos desde el año 1700 hasta 1920, utilizados alguna vez por la élite de la época en sus mesas exquisitamente dispuestas. Sietske Annevelink-Schurer, miembro del consejo del museo, destacó que los potes de mostaza estaban diseñados con un revestimiento de vidrio o cerámica en su interior, dado que la mostaza puede corroer la plata. Uno de los objetos más destacados era un pote y cucharilla del platero Marcel Blok, decorado con los emblemas de la ciudad de Doesburg, conocida por su tradición mostazera.
Este asalto no es un caso aislado; el aumento en los precios de los metales preciosos ha desencadenado una serie de robos dirigidos en los Países Bajos. Recientemente, una estatua conocida como De Tong ha sido objeto de repetidos robos de cobre, mientras que más de 4 millones de euros en tesoros de oro, relacionados con los antiguos dacianos de Europa, fueron sustraídos del Museo Drents en Assen el pasado enero.
Boesveld expresó su deseo de que los delincuentes no fundan la plata robada, ya que su valor monetario es significativamente mayor cuando se mantiene en su forma original. Este alarmante suceso plantea inquietantes preguntas sobre la seguridad del patrimonio cultural en un contexto donde la codicia material pone en riesgo la historia y la identidad de una comunidad.
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