En la inminente Copa del Mundo de 2026, la historia y la cultura de diversas tribus indígenas en Estados Unidos destacan en medio de la emoción por el evento. Sin embargo, las realidades de estas comunidades son a menudo complejas y desafiantes. Joseph Iyolopixtli Torres, responsable de cultura de la tribu Muwekma Ohlone, enfatiza la conexión de su pueblo con la tierra al señalar que el Levi’s Stadium, uno de los estadios que albergará partidos, se construye sobre un asentamiento de sus antepasados. A pesar de su rica historia, la tribu Muwekma Ohlone, al igual que la Duwamish, se encuentra sin reconocimiento federal, dejando a sus miembros fuera de los beneficios que un evento de tal magnitud puede traer.
Las tribus Muwekma y Duwamish comparten un pasado marcado por despojos territoriales y promesas incumplidas. En contraste, la tribu Puyallup, que logró obtener reconocimiento formal por parte del gobierno federal en 1974, ahora escribe una nueva página en la historia al convertirse en la primera nación indígena en asociarse formalmente con una ciudad sede durante el Mundial. Esta alianza no solo fortalece su identidad cultural, sino que también les permite establecer una ‘fan zone’ oficial en su reserva, situándose así en una posición única y celebratoria.
Sin embargo, la variedad de experiencias entre las tribus es notable. La tribu Duwamish, que da nombre a la ciudad de Seattle, vive con una paradoja dolorosa. A pesar de ser los firmantes del Tratado de Point Elliott en 1855, nunca se les concedió una reserva, y su reconocimiento fue revocado en 2001. Cecile Hansen, líder de dicha tribu y descendiente directa del Jefe Seattle, expresa su frustración por la falta de interacción con el gobierno local durante la preparación para el Mundial, llevando a un sentimiento de abandono.
La historia de la tribu Muwekma Ohlone es igualmente desalentadora. Con raíces que se remontan a 13,500 años en la región de la Bahía de San Francisco, esta comunidad ha enfrentado un “borrado administrativo” que les ha llevado a ser excluidos de las listas oficiales, privándolos de los beneficios económicos que pueden surgir de eventos como el Mundial. Charlene Nijmeh, su jefa actual, ha denunciado la injusticia que implica ver cómo su tierra, rica en historia, se beneficia a expensas de su comunidad.
Mientras el Mundial se acerca, estas tribus continúan luchando por su reconocimiento y derechos. La dinámica festiva del torneo contrasta con sus luchas cotidianas por visibilidad y justicia. La situación refleja una realidad en la que el legado indígena busca recuperar su voz y hacer valer su historia en un momento que podría ser una oportunidad de reivindicación. En medio del bullicio del fútbol, el eco de sus ancestros resuena, recordándonos que la verdadera historia de América está profundamente entrelazada con las vidas y culturas de sus pueblos originales.
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