A pesar de los avances en la reducción de la pobreza en México, el sesgo de género persiste y son las mujeres quienes continúan padeciéndola más. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), aún existe una brecha importante entre hombres y mujeres en términos de acceso a empleo y oportunidades económicas.
En el ámbito laboral, las mujeres enfrentan una serie de obstáculos que limitan su participación plena y equitativa. A pesar de contar con una mayor escolaridad que los hombres, las mujeres tienen una mayor tasa de desempleo y ocupan principalmente trabajos informales y mal remunerados. Esto se traduce en una menor capacidad económica y en mayores tasas de pobreza.
La falta de acceso a servicios de salud de calidad también afecta de manera desproporcionada a las mujeres. La falta de atención médica especializada, la falta de acceso a métodos anticonceptivos y la violencia de género son algunos de los factores que influyen en la salud y el bienestar de las mujeres en situación de pobreza.
Además, las mujeres se ven enfrentadas a una mayor carga de trabajo no remunerado, como tareas domésticas y cuidado de la familia. Esta situación limita su participación en el ámbito laboral y dificulta su desarrollo económico y social.
Es fundamental que las políticas públicas y los programas de desarrollo social en México aborden de manera específica las necesidades y desafíos que enfrentan las mujeres en situación de pobreza. La promoción de la igualdad de género y el empoderamiento económico de las mujeres son aspectos clave para lograr un desarrollo inclusivo y sostenible en el país.
Columna Digital.
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