A medida que las temperaturas siguen en ascenso, la atención se centra mayormente en las máximas que pueden superar los 40°C. Esto es comprensible, ya que el calor extremo tiene múltiples implicaciones, incluyendo riesgos para la salud. Sin embargo, es vital no pasar por alto otro aspecto crucial: las temperaturas mínimas.
Una noche agobiante. La estación meteorológica de Águilas, en Murcia, reportó una temperatura mínima de 27,2°C esta madrugada. Aunque parecía una anomalía, en realidad es parte de un patrón más amplio. Alrededor de una veintena de estaciones en el sureste peninsular registraron mínimas por encima de los 26°C, justo una semana después de que finalizara la última ola de calor.
Si retrocedemos hasta los días de esa ola de calor, descubrimos que en Osuna, Sevilla, las mínimas superaron los 28°C durante varios días; notablemente, la madrugada del 29, la estación de Cabo de Creus no bajó de 28,7°C.
Datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) indican que en junio, tres estaciones alcanzaron récords de temperaturas mínimas superiores a 25°C: el Aeropuerto de Barcelona (25,8°C), Tarifa (25,2°C) y Castelló – Almassora (25°C).
Del calor veraniego al del trópico. Hablamos frecuentemente de las denominadas noches tropicales, donde las mínimas no descienden de 20°C, lo que puede perjudicar nuestro bienestar y descanso. Sin embargo, en muchas regiones de la Península, las mínimas han superado los 25°C, dando lugar a otro término: noches ecuatoriales o noches tórridas.
Si dormir en una noche tropical es complicado, hacerlo con estas temperaturas es aún más desafiante.
Un fenómeno en aumento. Este fenómeno no es nuevo. El principal problema radica en que estas noches comienzan a aparecer con antelación, son cada vez más frecuentes y se extienden a áreas más amplias.
Preparaciones y recomendaciones. Si es posible, utilizar un ventilador o aire acondicionado puede ser beneficioso. Aunque no se recomienda mantener estos aparatos encendidos toda la noche, se pueden usar para enfriar la habitación antes de dormir o al principio de la noche.
No hay soluciones milagrosas para un mejor descanso en estos contextos, pero mantener una buena higiene del sueño (horarios regulares, evitar pantallas antes de acostarse, etc.) y esquivar hábitos que alteren la temperatura corporal, como hacer ejercicio tarde o cenar platos copiosos y calientes, puede ser de gran ayuda.
La situación actual respecto al calor extremo presenta un desafío que se vuelve cada vez más complicado de manejar, y es crucial que estemos informados y preparados.
Imagen | Greg Pappas / ECMWF
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