El 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos significativos, de magnitudes 7,2 y 7,5. Estos eventos sísmicos están relacionados con el desplazamiento lateral entre la placa tectónica del Caribe y la placa suramericana, lo que ocurre en una falla de cizalla, donde dos bloques de roca se desplazan horizontalmente en direcciones opuestas. Este fenómeno geológico implica un movimiento relativo de aproximadamente 2 cm por año, lo que genera acumulaciones de tensión a lo largo del tiempo.
La ocurrencia de dos terremotos en un intervalo tan corto es un fenómeno poco frecuente, pero que tiene una explicación sólida. Las fallas tectónicas no son superficies perfectamente lisas; contienen zonas más resistentes, conocidas como asperidades, que se mantienen bloqueadas bajo una gran tensión. Así, cuando una parte de la falla se quiebra, se libera parte de la energía, produciendo el primer terremoto. Sin embargo, si alguna asperidad significativa resiste, la tensión se concentra en ella hasta que finalmente se produce un segundo terremoto. Por lo tanto, la liberación de energía puede ocurrir en un par de etapas, separadas por breves momentos.
Cabe recordar que en la misma región se registró un doblete sísmico menor en 2025, con magnitudes de 6,2 y 6,3, así como otro en 1812 con magnitudes de 7,1 y 7,4. La actividad sísmica en esta zona es constante, aunque menor en comparación con otras áreas del mundo, como la costa del Pacífico. Desde 1900, se han documentado más de cien terremotos de magnitudes iguales o superiores a 6 en la región, destacando el temido sismo del 2 de octubre de 1900, frente a la costa de Caracas.
A pesar de la alta magnitud de estos eventos, que no es excepcional en comparación con los terremotos ocurridos en años recientes (en 2025, hubo siete terremotos de magnitud igual o superior a 7,5), el impacto en comunidades vulnerables puede ser devastador. La proximidad geográfica de Venezuela a Haití, también fijada en los límites de la placa del Caribe, evoca memorias de desastres pasados.
Los terremotos de esta magnitud son registrados por sismómetros en todo el planeta. En este caso, las primeras ondas llegaron a los sismógrafos en Barcelona a las 22:15:36 (UTC), aproximadamente quince minutos después de la ruptura inicial. Posteriormente, las ondas de superficie, que tienen mayores amplitudes, se registraron durante más de dos horas. Es común que, tras terremotos de gran tamaño, los sismómetros capten ondas que circunvalan la Tierra cada tres horas.
Tan solo 25 minutos después de los sismos en Venezuela, un terremoto de magnitud 6,9 tuvo lugar cerca de la costa norte de Japón. Aunque la profundidad de este evento fue mayor, y su mecanismo de ruptura distinto, se puede observar que la diferencia en la devastación ocasionada por ambos terremotos está en gran medida relacionada con el nivel de preparación y respuesta sísmica de cada país.
Actualización: La información aquí presentada corresponde a un reporte publicado originalmente el 28 de junio de 2026.
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