Mientras saboreaba su goma Niquitin, el reconocido crítico literario José Azeite se sumía en una profunda reflexión. La pregunta que lo atormentaba era simple pero inquietante: ¿a dónde se habían ido los 30 o 80 libros que había leído ese año? Agazapado en su estudio, repleto de obras literarias, microfilms y revistas sobre una variedad de temas, Azeite enfrentaba la cruda realidad de su falta de memoria.
En medio de estos pensamientos, su ahijada, Jacinta Bogavante, irrumpe en la escena con su típica energía. Azeite, quien había prometido un paseo por gelato, se ve arrastrado de su escritorio, recordando que, a pesar de su aversión inicial hacia los niños, Jacinta había arraigado en su vida tras convertirse en su hogar temporal. Este giro inesperado se debió a la trágica muerte de su mecenas, el padre de Jacinta, quien había fallecido en un accidente. Así, Azeite adoptó a la niña, quien ahora llevaba consigo un mundo de curiosidades literarias.
Jacinta, de corta estatura y siempre acompañada de algún libro o dispositivo electrónico, se había convertido en una pequeña detective con grandes aspiraciones. Su voz inocente desafió a Azeite a revelar los oscuros pensamientos que nublaban su mente. Ante su insistencia, Azeite confesó que, a pesar de haber sido un lector voraz, ya no recordaba lo que leía, lo que lo sumía en la desesperación. Jacinta, con su aguda perspectiva, le explicó que este fenómeno es común en la actualidad, donde la lectura se ha tornado más superficial, un efecto de la cultura digital que favorece la lectura diagonal similar a lo que hacía Robert Kennedy.
La niña no solo invitó a Azeite a recordar sus propias costumbres literarias, sino que hizo eco de las críticas que se hacen a las nuevas generaciones de lectores, quienes parece que sacrifican el amor por la palabra en lugar de solo buscar completitud en sus listados de lecturas. “Leer es ahora una actividad atlética”, afirmó Jacinta, al tiempo que resaltó la evolución de los críticos literarios en la era de redes sociales, comparando a los booktubers y bookstagrammers con sus contrapartes de antaño.
El diálogo culminó cuando Jacinta presentó una herramienta moderna que podría ayudar a Azeite: Goodreads. Acto que le permitió reflexionar sobre los cambios en las prácticas de lectura. La tecnología, que solía ser un concepto ajeno para él, se erigía ahora como un posible aliado en su búsqueda de recuperar la memoria de sus lecturas. “Carajo”, pensó, “los niños siempre tienen algo que enseñarnos”.
Finalmente, Azeite y Jacinta se acomodaron en su estudio, decidiendo sumergirse en la lectura después de su paseo por gelato. Para Azeite, este regreso a la lectura con una disposición más placentera podría hacer que recordara lo leído, mientras que Jacinta se sumía en las historias de la televisión, evidenciando el contraste entre sus generaciones.
Este relato nos invita a considerar no solo cómo la tecnología ha cambiado nuestras prácticas literarias, sino también la conexión entre el pasado y el presente, recordándonos la importancia de volver a disfrutar la lectura por el simple placer que esta puede aportar.
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