“Si se topa usted con una lista de los fotógrafos más importantes de la primera mitad del siglo XX, Paul Wolff (Mulhouse, Francia, 1887-Fráncfort, 1955) no estará en ella. Sin embargo, si hubiese que hacer un listado de los fotógrafos más influyentes, más publicados, y con más éxito comercial de dicho periodo, Wolff, pionero de la Leica, debería figurar en lo más alto.”
De esta forma introduce Manfred Heiting la figura de este olvidado fotógrafo, que documentó el estilo de vida en Alemania desde el inicio de la República de Weimar hasta la caída del Tercer Reich a través de la pequeña y manejable cámara, destinada a revolucionar el desarrollo del medio fotográfico. “No es cuestión de lo que uno ve, sino de cómo lo ve”, sería su credo.
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Heiting, diseñador, reputado experto en libros de fotografía y voraz coleccionista de libros y fotografías, tardó en saber de la obra del versátil alemán, quien llegaría a abarcar todos los géneros del medio, menos el desnudo, del que rehuía. El descubrimiento tuvo lugar gracias a una confusión. Interesado en adquirir un ejemplar del libro Deutsche Arbeit ( Ullstein, 1930), obra maestra de E. O. Hoppé dedicada a la fotografía industrial, el coleccionista recibió por error Arbeit!, de Wolff (1937).
La estética de las imágenes, la habilidad de su autor en el uso de la luz y la excepcional calidad de impresión transformó de inmediato la inicial decepción de Heiting. “Me di cuenta de que había recibido una joya”, recuerda. Realizada como un encargo con fines propagandistas para dar a conocer los éxitos iniciales del Plan Cuatrienal de Hitler —destinado a recuperar la economía alemana—, la publicación compone un soberbio retrato visual, que dignificaba la labor de los obreros a través de pronunciados contrastes, planos cortos y geometrías que dialogan a la perfección con el ámbito industrial, enmarcados dentro de los postulados de la nueva objetividad. Un estilo del que el autor se distanciaría más tarde, refiriéndose a él como “la fría objetividad”.



