La reciente imagen de Kim Jong-un rodeado de jugadoras del Naegohyang FC ilustra un momento que trasciende lo meramente deportivo. Publicada por el periódico estatal Rodong Sinmun, la fotografía muestra al líder supremo caminando entre aplausos y vítores, reflejando un éxito en el fútbol femenino que el régimen norcoreano se esfuerza por proyectar al mundo. En la Core de Nord, un país completamente aislado, el fútbol femenino se ha convertido en una valiosa herramienta de propaganda.
Históricamente, Corea del Norte ha dependido de demostraciones de fuerza a través de misiles y desfiles militares. Sin embargo, en los últimos años, ha emergido una nueva forma de influencia: el “soft power” que presentan sus futbolistas. A pesar de las sanciones internacionales y el cierre de la mayoría de sus canales diplomáticos, los equipos femeninos han acumulado títulos de manera sorprendente.
El último de estos logros se materializó recientemente, cuando el Naegohyang, fundado en 2012, se coronó campeón de la Liga de Campeones Femenina de Asia tras vencer al Tokyo Verdy japonés por 1-0 en Suwon, Corea del Sur. Este triunfo marcó un hito al ser la primera vez que un equipo norcoreano ganaba este importante torneo continental.
La importancia de esta victoria se intensifica por el contexto político actual. La delegación del Naegohyang fue la primera en visitar Corea del Sur en ocho años, un hecho que contrasta con las tensas relaciones entre ambos países. Desde que Kim Jong-un desechó cualquier referencia a la reunificación, definiendo a Corea del Sur como un “Estado hostil”, las relaciones han fluctuado. Sin embargo, el presidente surcoreano Lee Jae Myung ha expresado su deseo de reabrir canales de diálogo.
El fútbol femenino presenta una rareza en este contexto. Mientras los encuentros diplomáticos son prácticamente inexistentes, miles de aficionados surcoreanos se han apresurado a presenciar los partidos del equipo norcoreano, agotando las entradas y organizando actos de bienvenida. No obstante, las futbolistas mantienen una disciplina estricta, llegando desde China y evitando declaraciones públicas, lo que refleja la naturaleza controlada de su régimen.
Además, recientemente Corea del Norte ganó la Copa Asiática Femenina Sub-17, alcanzando un total de cinco títulos en esta categoría, más que ninguna otra selección. Su éxito no es fortuito; el régimen ha implementado una política deportiva estatal desde la década de 1980, priorizando el fútbol femenino como una estrategia clave en un país con recursos limitados.
Este enfoque ha permitido que Corea del Norte, a pesar de ser considerada una de las dictaduras más cerradas del mundo, establezca una de las estructuras más exitosas del fútbol femenino a nivel global. Para Kim Jong-un, cada victoria no solo se traduce en trofeos, sino que refuerza el discurso de la “superioridad del sistema socialista norcoreano”. Las recepciones multitudinarias en Pyongyang celebran estos triunfos, mostrando una imagen de orgullo nacional.
A medida que la diplomacia continúa estancada, las futbolistas norcoreanas se han convertido en un valioso escaparate hacia el mundo exterior, ofreciendo una visión diferente de un país asociado frecuentemente con ensayos nucleares y amenazas. Este fenómeno demuestra cómo el deporte, incluso en una nación aislada, puede servir como un puente en tiempos de tensión política.
Actualización: Hasta junio de 2026, Corea del Norte sigue destacándose en el ámbito deportivo femenino, lo que pone de manifiesto una narrativa inspiradora en medio de contextos desafiantes.
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