La cineasta nicaragüense Laura Baumeister presentó su película ‘La hija de todas las rabias’ en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con la que compite en la sección Nuevos Directores, de la edición 70 del Festival que culmina este sábado.
En su proyecto muestra una historia de contrastes, con dolor y ternura, de niños viviendo en un basurero. “La historia surge en un lugar que yo conocí hace 16 años más o menos, cuando en mi bachillerato tuve que hacer un trabajo social de ir a alfabetizar y estuve tres meses en las comunidades de la periferia del basurero y me encontré con esta realidad que me conmocionó y en ese entonces yo no tenía las herramientas para entender por qué era que me había impactado tanto”, indicó en entrevista.
Se refirió al nivel del dolor que produce ver un lugar así, “además de la fascinación que me produjo a mí ver los niños y las niñas que yo conocí en ese momento, y lo que a mí me emocionó es que en medio de toda la adversidad, ellos tenían una inventiva, una recursividad, eran profundamente creativos para inventar historias y a mí me gustan las historias desde que tengo memoria”.
Señaló que se quedó clavada con ese recuerdo, luego estudió sociología, cine, hizo cortometrajes y al ser inminente la posibilidad de hacer un largometraje, volvió a la idea del basurero bajo la situación de que antes había trabajado la relación madre e hija, la corporalidad, así como la deconstrucción de esa corporalidad a partir de estas fronteras humano-animal.
La hija de todas las rabias es el primer largometraje de Laura Baumeister, quien aseguró que supo que quería hacer cine cuando vio Amores perros, a los 15 años. “A mí me encantaban las películas, pero era difícil en Nicaragua, no había cines, salíamos de una guerra, muchas cosas estaban pasando, y vi esta película hablada en español y además tiene una serie de dramas y de vida ocurriendo y yo pensé, ‘se puede hacer cine en mi idioma’.
“Me puse a ver películas y México fue un lugar que a mí me llamaba desde que lo descubrí emocionalmente. El CCC me formó y creo que sin esa experiencia yo no hubiera adquirido las herramientas suficientes para contar lo que yo quería contar, era algo que yo ya lo traía, pero no tenía la gramática, no tenía las herramientas, y en ese sentido la experiencia de México ha sido fundamental”.
Resaltó que desde su punto de vista, “México está lleno de talentos, y creo que también tiene que ver porque es un país rico en todo, rico en luz y rico en oscuridad, los contrastes que me fascinan”.
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