En la vida de Heberto Castillo, un ingeniero que dejó una huella imborrable en la historia de México, su esposa María Teresa Juárez Carranza y su hija, Laura Itzel, desempeñaron roles fundamentales ante la adversidad. La familia, compuesta por cuatro hijos y una única mujer, habitaba en la colonia Romero de Terreros, cerca de la avenida Miguel Ángel de Quevedo. Laura rememora su infancia rodeada de héroes y sacrificios, destacando la fortaleza de su madre mientras su padre luchaba por sus ideales en momentos de represión política.
Mientras Heberto era conocido por su innovadora obra arquitectónica, sobre todo por la invención de la cubierta tridilosa que combinaba concreto y acero, su arresto por motivos políticos impactó severamente el sustento familiar. Laura revela cómo su madre tuvo que regresar a la enseñanza para mantener a los cuatro niños. Justo en una época en que el ingeniero era una figura reconocida, su detención por el entonces presidente Luis Echeverría complicó aún más la situación. La pérdida de la patente en el momento de la detención situó a la familia en una crisis económica, obligando a María Teresa a convertirse en el pilar de la casa.
El relato de Laura destaca la tenacidad de su madre, quien no dejó que la adversidad doblegara su espíritu. “Mamá tenía una fortaleza increíble, enfrentando toda la situación con valentía y convirtiéndose en el sustento de nuestra familia”, dice, con una sonrisa que evoca orgullo.
A medida que la represión se intensificaba, Heberto fue perseguido, viviendo en clandestinidad mientras la familia permanecía en constante temor. Su detención fue un difícil capítulo en sus vidas, pero también una fuente de inspiración. En medio de la agitación social, Heberto logró dar un Grito de Independencia en la Universidad Nacional Autónoma de México, un acto que resonó profundamente en su familia y en muchos otros. Durante esos momentos críticos, Laura y sus hermanos experimentaron tanto el miedo como la admiración hacia un padre que nunca se rindió.
Laura comparte anécdotas que muestran la cercanía con su padre y la profundidad de su compromiso con la libertad. A pesar del tradicional rol asignado a su madre, su pasión por la educación y la historia de México nunca se opacó. Durante la huida y el encierro de Heberto, su valentía y dedicación por su familia se convirtieron en el ejemplo a seguir, marcando el destino de todos en el hogar.
Con el tiempo, Laura se destacó también en el ámbito académico, estudiando arquitectura en la UNAM mientras se mantenía involucrada en organizaciones sociales. A través de su educación y su experiencia en la vida familiar, moldeó una carrera en política, un espacio donde continua luchando por los ideales que su padre representó, reflejando sus enseñanzas y la herencia de lucha por la justicia y los derechos humanos.
Este relato no solo resalta los desafíos vividos, sino que también retrata las heroicidades cotidianas de una familia, donde cada miembro luchó en su propio frente, impulsando un legado que se mantiene vigente. A medida que Laura Itzel Castillo avanza como presidenta del Senado, el eco de la historia de su familia sigue inspirando a nuevas generaciones, demostrando que la fortaleza ante la adversidad es un valor inquebrantable que puede trascender el tiempo.
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