Jesucristo resucitó al tercer día tras su crucifixión, un evento trascendental en la historia de la fe cristiana. Sin embargo, el filósofo y ensayista español Ernesto Castro ha tenido su propia “resurrección” personal, cuya historia ha cautivado la atención mediática en los últimos tiempos.
A sus 35 años, Castro, conocido por su presencia en redes sociales y sus vídeos sobre temas contemporáneos como el 15-M, el trap y el poliamor, decidió abandonar su carrera y su seguimiento de 170.000 suscriptores para enfrentar una difícil batalla contra la depresión. Durante una visita al monasterio de Santa María de Montserrat, experimentó una profunda revelación que le llevó a convertirse al catolicismo. Este giro en su vida se produjo hace unas semanas, cuando dejó entrever su nuevo compromiso espiritual en las redes sociales, y anunció que se había bautizado, confirmado y estaba en comunión con Dios.
Su “resurrección” coincide con un contexto significativo: la visita de León XIV a España. Castro escribió al Papa una carta, en un tono informal y cercano, compartiendo su alegría por el cambio en su vida. A pesar de estar acostumbrado a comunicarse extensamente en sus vídeos, prefirió esta vez una entrevista escrita, manifestando sus reservas sobre la precisión de sus palabras orales.
En un intercambio lleno de ironía y crítica, Castro expresó su desencanto con la atención de los medios hacia su conversión, cuestionando por qué su caso había llamado tanto interés en comparación con sus años de aportaciones literarias, que no habían recibido la misma atención. “La literatura ya no interesa”, lamentó, enfatizando su frustración ante un periodismo que parece priorizar las “paradas de la cultura” en lugar de la crítica literaria.
Al volver a su canal de YouTube, tras un año y medio de silencio, Castro destacó que muchos momentos de su vida no tienen relevancia para el público general. Su respuesta a preguntas sobre su agotamiento tras años de exposición fue lacónica: “Yo ya venía ‘prendío’ de casa”, sugiriendo que su lucha interna había comenzado mucho antes de su decisión de retirarse.
Cuando se le preguntó por su conversión al cristianismo, Castro fue claro: “Me convertí porque una Virgen lo quiso. Hecho, es simple”. Este tono desinhibido y provocador se mantuvo incluso al abordar su entorno familiar, donde su origen ateo no ha sido obstáculo en su nueva fe.
El filósofo también reflexionó sobre el supuesto regreso de los jóvenes a la fe católica. “Si lo dice la prensa… será verdad, ¿no?” replicó con escepticismo, cuestionando la solidez de los datos que afirman un aumento de la asistencia a misa entre los menores de 24 años desde 2018.
A pesar de su nuevo compromiso religioso, Castro no evadió críticas hacia la Iglesia en cuestiones como la participación de las mujeres y la aceptación de los homosexuales. “¿Quién soy yo para sentar cátedra en nada?”, dijo, abriendo un espacio para el debate sobre la evolución de la Iglesia en el contexto contemporáneo.
Finalmente, al ser interrogado sobre la polarización política actual, aconsejó la eliminación de redes sociales como un posible remedio, argumentando que los lecturas constantes sobre actualidad muchas veces no aportan claridad. “¿Qué aprendemos al atender y opinar todo el rato acerca de una actualidad que ni sus propios protagonistas comprenden?”, planteó.
La historia de Ernesto Castro, marcada por su conversión y reflexiones sobre la fe y la literatura, destaca en un mundo donde lo espiritual y lo secular a menudo chocan. Su experiencia nos recuerda las múltiples rutas que puede tomar la vida y el impacto que las revelaciones personales pueden tener en la trayectoria de un individuo.
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