En un movimiento que refleja la creciente presión sobre la gestión empresarial en Colombia, Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, se ha apartado de su cargo a raíz de acusaciones de tráfico de influencias y violaciones a los límites de financiamiento durante la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2022. Este anuncio fue realizado por la junta directiva de la empresa el 6 de abril de 2026, en medio de un clima tenso y de incertidumbre alrededor de la posición de Roa.
De acuerdo con el comunicado oficial emitido por Ecopetrol, la licencia no remunerada solicitada por Roa comenzará el 28 de mayo y se extenderá por un periodo de 30 días, tras un lapso de vacaciones que se reconoce entre el 7 de abril y el 27 de mayo. Su regreso está previsto para finales de junio, coincididiendo con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que decidirán el futuro político del país.
La decisión de apartar a Roa de su cargo proviene de serias acusaciones de la Fiscalía General, que lo imputó el 11 de marzo por su posible implicación en tráfico de influencias relacionado con un proyecto gasífero. Esta situación se complica aún más con su vinculación a una investigación del Consejo Nacional Electoral, que indaga la supuesta violación de los límites de financiación durante la campaña presidencial que lo condujo al poder en 2022.
Ante estos problemas, la junta directiva nombró a Juan Carlos Hurtado, quien hasta ahora se desempeñaba como vicepresidente ejecutivo de hidrocarburos, como presidente encargado de la compañía. Esta medida busca garantizar la continuidad de la gestión en una de las empresas más grandes de Colombia, responsable de más del 60% de la producción de hidrocarburos en el país y con presencia internacional en destacados mercados como Estados Unidos y Brasil.
El sindicato Unión Sindical Obrera (USO), que representa a los trabajadores del sector petrolero, ha urgido la renuncia de Roa y ha sido respaldado por varios líderes políticos opositores. Mientras tanto, Ecopetrol, un gigante energético que emplea a más de 18,000 personas y tiene una influencia significativa en el sistema de transporte y refinación de hidrocarburos, se encuentra en una encrucijada que podría alterar su estructura de liderazgo y su reputación en el mercado.
A medida que el contexto político se desarrolla, la actuación de Ecopetrol y sus directivos será monitoreada de cerca, resaltando la importancia de la transparencia y la ética en la industria energética del continente.
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