En el vibrante mundo de la artista Joeun Kim Aatchim, los límites entre dibujo y pintura se desdibujan, creando una experiencia visual única. Aatchim, originaria de Corea del Sur y con un máster en artes obtenida en Columbia en 2017, se destaca por su método distintivo de superposición. Utiliza pigmentos minerales en shellac, y en ocasiones acuarelas y pasteles, sobre capas de seda que permiten que el fondo se entrevea, generando una luminosidad casi etérea. Esta técnica invita a los espectadores a contemplar lo efímero y lo tangible dentro de un mismo marco.
Sus obras evocan la complejidad de las memorias y las percepciones, haciendo eco de la forma en que Henri Matisse abordó sus composiciones. En lugar de perseguir una apariencia perfecta, Aatchim opta por mantener en su trabajo las primeras impresiones, creando así un “ramo de ensayos” donde lo provisional cobra sentido. Define su proceso como un “dibujo en progreso”, enfatizando que, independientemente del material—ya sea lápiz, tiza o pintura—la superficie nunca queda completamente cubierta. Esta filosofía de trabajo resalta la importancia de lo inacabado y lo abierto a la interpretación.
Desde su graduación, Aatchim ha estado exhibiendo su obra en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Guadalajara, Seúl y Madrid, y se prepara para su primera exposición en São Paulo, en Almeida & Dale. Recientemente, mientras visitaba a sus padres en Seúl, compartió que, a pesar de tratar de descansar, no puede evitar la creación. “Tal vez no soy nadie si no estoy haciendo arte,” reflexionó, lo que la llevó a comenzar nuevos trabajos en el comedor familiar, utilizando materiales que son más accesibles en Corea que en Nueva York.
Aatchim también destaca la naturaleza de su material más profundo: la memoria. Con su aguda capacidad de recordar, interpreta recuerdos y experiencias a través de retratos simples, pero cargados de múltiples capas, que transmiten tanto claridad como fugacidad. “Las memorias que aún no he dibujado siguen persiguiéndome”, afirma, implicando que estas experiencias no pueden ser fijas. En este contexto, describir su trabajo es tratar con pensamientos en constante evolución, invitando a los espectadores a reflexionar sobre la esencia de sus propias memorias.
La obra de Joeun Kim Aatchim es una meditación sobre la percepción y la experiencia humana, manteniendo un diálogo continuo entre la realidad y la reminiscencia. A través de su técnica única y su enfoque introspectivo, la artista transforma la experiencia visual en un viaje de exploración emocional. Con cada nueva exposición, los espectadores son invitados a descubrir no solo lo que se presenta ante ellos, sino también lo que resuena en su propia historia personal.
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